PRÓLOGO
EL COMIENZO DEL FIN
Aquel
fue el fin de la Tierra tal cual la conocemos.
En tan
solo 14 años, la humanidad retrocedió mucho. Las guerras, las hambrunas, los
problemas sociales que comenzaron a afectar a la Tierra a mediados del siglo
XXI la convirtieron en lo que es ahora, un lugar donde una sociedad de
fanáticos religiosos extremistas imperan, y tienen al mando todos los gobiernos
del mundo.
Todo
esto pensaba Elisa mientras ordenaba la habitación de su hijo pequeño, que en
esos momentos estaba jugando con el perrito de la casa en el jardín.
La mujer
se preguntaba por qué había ocurrido todo aquello, y que hubiese sido de ella y
su familia si no hubieran tenido una situación económica buena y estable. Sabía
de amigos que habían caído en la desgracia, y que habían muerto a manos de la
sociedad Shulum, la que ahora controlaba el mundo.
Se
acercó a la ventana de la habitación, observando el cielo despejado, y el sol
que estaba justo en su cenit; desde la ventana se podían observar los campos
cercanos, cuyas tierras de cultivo ya no servían más, por culpa de aquella
sociedad maldita de los Shulum. Menos mal que no causó ningún estrago en
aquella casa, la única que quedaba de una enorme mansión a las afueras de la
ciudad.
. El
paisaje de afuera no le parecía tan hermoso como hacía años, cuando apenas era
adolescente. Parecía que la misma Tierra ya no quería dar más de sí, para que
sus profundas heridas cicatrizaran.
Tampoco
los seres humanos tenían aquel espíritu de lucha de antes, ya que cualquier rebelión
era rápidamente aplastada por los miembros de la sociedad Shulum apenas surgía.
El miedo cundía en absolutamente todos los países del mundo, e incluso en la
pequeña colonia que se había formado en la Luna.
Incluso
ella, aunque tenía de todo, era incapaz de mantener la esperanza; creía que
solo aguantaría unos días más, y que luego estaría muerta en vida, sin tener
por qué vivir.
Pero…
¡Sí tenía un motivo por el que vivir!
Desde el
jardín le llegó la voz de su pequeño hijo de 4 años:
-¡Mamá!
¡Se acercan!
Elisa
bajó rápidamente las escaleras, mientras sacaba su computador de bolsillo para
ver las cámaras exteriores, y todo lo que rodeaba la pequeña casa:
-¡Ya
voy!
Salió
corriendo, mientras un zumbido lejano comenzaba a escucharse:
“¡No! ¡Seguro
que vienen por nosotros!” pensó Elisa con desesperación, mientras llegaba junto
a su pequeño y lo alzaba en brazos:
-Mami,
vienen dos Helicópteros, ¡mira!
En
efecto. Dos helicópteros de tecnología avanzada se acercaban rápidamente,
mientras descendían y se preparaban para aterrizar cerca de allí.
-Mi
amor, ¡tenemos que irnos de aquí! –susurró Elisa al oído de su pequeño,
mientras lo aferraba con fuerza, y entraban corriendo a la casa.
Elisa
barajaba muchas posibilidades para poder escapar de allí, pero ninguna funcionaría
si aquellos efectivos de los Shulum llegaban a entrar a su casa.
Solo
había conducido su helicóptero particular una sola vez. Esta vez, Elisa
esperaba que pudiera pilotar el vehículo aéreo, que se hallaba en un helipuerto
al lado de la casa.
Mientras
abrazaba a su hijo con fuerza y corría por los pasillos de su casa, iba
encendiendo el helicóptero por medio de su computador de bolsillo, y lo iba
tratando de sacar del helipuerto.
-Ma, ¿A
dónde vamos?
Elisa
por fin abrió la puerta que daba al helipuerto. La recibió el zumbido de los
rotores del helicóptero, y el aire de las palas que comenzaban a girar.
-Nos
vamos de aquí mi amor.
Se
acomodó en el helicóptero, luego de haber puesto a su hijo lo más seguro
posible.
Se puso
el casco de pilotaje, y tomó los mandos del helicóptero, mientras el computador
del vehículo aéreo calibraba todo y este se elevaba del suelo con un sacudón.
Se alejó
un poco de allí, mientras iba recordando las lecciones privadas que un piloto
le había dado cuando era apenas una adolescente. Seguro que con la nueva
tecnología en el helicóptero no sería tan complicado.
Entonces
un ruido tremendo la sacó de su concentración. Ambos helicópteros de los Shulum
sobrevolaban la casa, y habían soltado una bomba, y…
-¡Mamá!
¡La casa se fue! –Dijo su hijo, observando con asombro los escombros humeantes
de la que había sido hacía unos segundos, la mejor mansión en todas las tierras
circundantes.
-Si mi
amor. Por eso tenemos que irnos –le respondió ella, retomando el control del
helicóptero, que había perdido-. Ellos son malos y nos pueden matar.
Su hijo
se asustó un poco, y comenzó a llorar quedamente, mientras veía que los
helicópteros se comenzaban a acercar hacia ellos.
¡No!
Dijo
ella mientras hacía virar el helicóptero cinto ochenta grados, y aumentaba la
velocidad y altura.
-Mamá,
tengo miedo. –Decía su hijo a la vez que Elisa se concentraba en el pilotaje de
la nave, y revisaba las pequeñas pantallas ubicadas en la cola del helicóptero
para ver a cuanta distancia se encontraban las naves Shulum.
Entonces
se quedó petrificada, mientras el tiempo a su alrededor parecía hacerse muy
lento.
Una de
las pantallas mostraba a los dos helicópteros Shulum preparando los misiles de
ataque. Los cabezales de los lanza misiles se estaban poniendo al rojo vivo, lo
que indicaba que iban a lanzar un rayo concentrado de láser, la mortífera arma
que habían usado los Shulum en las diferentes guerras en todo el mundo.
Esperó a
morir en cualquier momento, mientras que su hijo, a su lado, había dejado de
llorar, quizás comprendiendo el peligro.
Entonces
vio aquellos rayos láser mortíferos comenzando a salir de los lanzamisiles, y
de manera sorprendente, una barrera algo sobrenatural se interpuso en el camino
de los láseres, deteniéndolos.
-¿Pero…
qué?
Elisa no
lo podía creer. Algo o alguien habían interpuesto aquel escudo extraño entre
ella y los Shulum, deteniendo lo que sin duda iba a ser su muerte.
-¡Mamá!
¡Magia! –Su hijo la sacó de sus pensamientos, para poder observar como desde el
suelo bajo ellos, subían unos chorros de energía azulada que impactaron en
ambos helicópteros Shulum, y que estos inmediatamente estallaran en llamas,
desplomándose hacia el suelo girando descontroladamente.
Elisa no
sabía quién había sido aquel que había lanzado esa fuerza misteriosa que había
dejado fuera de combate a los Shulum en unos segundos; lo único que sabía es
que tenía que aterrizar para que no la atacasen también. O quizás podría ser un
amigo que también esté en contra de los Shulum.
Descendió
suavemente para no causar que le dispararan también, a la vez que su hijo le
decía:
-Ma,
llegaron los magos poderosos que nos cuidarán contra los malos. ¡Qué bien!
Elisa,
en silencio, detuvo los motores de la nave, y luego sacó a su hijo para juntos
bajar del helicóptero.
Mientras
las palas dejaban de girar Elisa rodeó el helicóptero, buscando a ese algo o
alguien que los había salvado, y entonces la vio.
-Saludos
Elisa.
Era una
mujer algo extraña, con unos ojos grandes, más de lo normal en una persona
común y corriente; su cabello de un color rubio, casi blanco le caía sobre los
hombros, tapando sus orejas que de seguro serían también extrañas.
Estaba
vestida con una túnica de tela suave ceñida a la cintura por un cordón blanco
anudado a un costado. En una de sus manos tenía una pequeña esfera de color
verde, que parecía tener un brillo sobrenatural.
-Ho…hola
señorita… -Respondió Elisa al saludo de manera insegura.
-Te
salvé –comenzó a hablar la mujer con su voz melodiosa y de manera tranquila-,
porque tú serás importante para mi mundo y para tu planeta Tierra.
La mujer
leyó la interrogación en el rostro de Elisa y continuó hablando:
-Ven,
sígueme si quieres saber cómo lo harás.
La mujer
se movía elegantemente, de manera que no parecía caminar, sino deslizarse por
el suelo de grava y unos cuantos hierbajos.
Descendieron
por la suave pendiente de una de las colinas que rodeaban la mansión, ahora destruida,
mientras que su hijo se aferraba a su mano, caminando y observando a la mujer
con un gesto extraño, mezcla de admiración y extrañeza.
-¿A
dónde nos dirigimos? –preguntó Elisa cuando estaban a punto de llegar a los
restos de la mansión destruida.
-Espera
Elisa. Que dentro de unos segundos lo verás.
Entonces
la mujer, aferrando aquella esfera verde en su mano izquierda, alzó la derecha
y murmurando unas palabras inteligibles hizo que varias toneladas de escombros
se elevaran, y que suavemente se depositaran unos metros más allá, dejando
libre un espacio bastante grande.
-Elisa,
ven; acércate. –dijo la mujer, aproximándose al centro del espacio despejado,
como buscando algo-. Si los Shulum no hubiesen venido justo hoy, entonces lo
habrías encontrado de todas formas.
Elisa se
acercó a la mujer, y bajó la vista hacia donde señalaba con la mano que
aferraba la esfera verde.
Allí, completamente
inmaculada, sin ningún rasguño a pesar de las toneladas de restos que estaban
encima, estaba una pequeña cuna; y dentro de ella, profundamente dormido, un
bebé de aproximadamente un año los miraba.
-Elisa,
debes cuidar a este niño más que a tu vida. De él dependerán muchas cosas en el
futuro, para mi mundo y para el tuyo. –Explicó la mujer, tomando la cuna con
suavidad y dándosela a Elisa quien la recibió un poco incrédula, y
preguntándose por qué aquel niño no había sufrido ningún daño.
-Ahora,
Elisa, los llevaré a ustedes tres a un lugar donde podrán vivir en paz durante
mucho tiempo, hasta que el niño –y señaló a la cuna que tenía Elisa-, tenga la
edad suficiente para que haga su papel en nuestro futuro.
La mujer
chasqueó los dedos, y una esfera transparente comenzó a crecer, envolviéndolos
a todos; y luego de unas palabras, Elisa vio otra realidad fuera de la burbuja
que había formado la mujer extraña.
-De
ahora en adelante, vivirán aquí, en esta fortaleza construida especialmente
para ustedes y los que vendrán en el futuro. –Dijo la mujer, a la vez que
señalaba algo que Elisa no había notado antes.
Una
fortaleza enorme, y cuyas paredes eran de color añil, se alzaba majestuosa por
sobre los enormes árboles.
-Elisa
–Comenzó a decir la mujer-, estamos en la Amazonía peruana. Te pido por favor,
que no salgas de aquí. En este lugar estarás protegida por las fuerzas de la
naturaleza, y por las fuerzas de mi mundo.
Por si
acaso te dejaré el helicóptero que usaste ahora, servirá para algo en el
futuro; ahora se encuentra en una habitación dentro de la fortaleza.
Así que
Elisa, entra a tu nuevo hogar.
Y la
mujer desapareció misteriosamente, como si se hubiese evaporado de pronto.
-mis
pequeños –dijo mirando a su hijo y al bebé que tenía en brazos-, desde ahora
comenzaremos nuestra nueva vida.