lunes, 11 de noviembre de 2013

capítulo 2


CAPÍTULO 2


UN DÍA LLUVIOSO


 

Los truenos retumbaban con fuerza por encima de su cabeza. Su cabello, peinado a la moda y algo largo, chorreaba agua sobre su cara y sus hombros, cubiertos por una chaqueta impermeable.

A Andrew Winstolm le encantaba la lluvia. Lo primero que recordaba era un gran chaparrón cayendo del cielo, cuando apenas era un niño pequeño, y cuando aún veía con normalidad.

Encendió el detector de obstáculos para no estrellarse con nada. Solamente lo hacía cuando no conocía algún lugar en concreto; porque normalmente caminaba sin ninguna ayuda

Se encontraba caminando por una calle solitaria, casi al crepúsculo. Vivía en un conjunto de residencias en el centro de la ciudad, rodeada por unos muros que no permitían el avance de la gente de bajos recursos. Así lo habían dicho los Shulum.

La melodía de su móvil sonó con fuerza, sacándolo de aquel estado en el que se sumía cuando llovía torrencialmente. Por orden de voz contestó:

-Hola.

-André, ven a la casa rápido, ya sabes que tu tía va a llegar.

Era su madre, que desde el otro lado de la línea su voz llegaba un poco distorsionada por la Holo llamada. Su acento inglés se notaba todavía, aunque poco a poco, con los tratamientos neuronales, iban eliminando aquella barrera neurológica de la interferencia lingüística, uno de los tantos cambios dados en los últimos 20 años.

-Claro Ma, ya voy.

-OK Hijo mío. ¡Pero ven rápido!

Apretó el paso, mientras volvía a guardarse el móvil en el bolsillo, y los rayos iluminaban su rostro y su pelo mojado.

Caminó con rapidez, mientras pensaba en unos artículos que había leído en internet. El contrapunto entre los pensamientos de los Shulum, y de los que estaban en contra de ellos. Le parecía un tema interesante, por eso es que le había pedido a un amigo de Estados Unidos de Norteamérica, que le pasar a información clasificada para poder analizarla de mejor manera.

También quería ver cómo era la organización militar de los Shulum, y por qué motivos querían esclavizar a todo el mundo.

Entró a su casa lo más rápido que pudo. Quería ver a su tía, a la que no había visto desde que tenía ocho, hacía nueve años. Esperaba que pudiera reconocerla por la voz; porque le había pasado mucho eso de que confundía voces, y saludaba a esas personas de otra manera:

-¡Ma! ¡Ya llegué!

Subió al segundo piso, en donde se encontraba el teletransporte. Conociendo a su tía y su desconfianza en los aviones y vehículos terrestres, iba a llegar por allí:

-Hijo, ven rápido, seguro que llegará en cualquier momento. –Dijo su madre, mientras Andrew terminaba de subir las escaleras.

A Andrew no le gustaban para nada los teletransportadores. Estos tenían un sistema de des atomización, y que luego convertían en energía para mandarlo al receptor, en el lugar a donde la persona estaba yendo. No le gustaba para nada la idea de convertirse en pura energía, aunque sea por unos milisegundos. Además no confiaba en esos aparatos porque, si el receptor fallaba, la persona podía aparecer en cualquier otra parte del mundo; y sabía de personas que habían perdido alguna parte del cuerpo por viajar por esos medios.

-¿Llegará por el teletransporte? –Preguntó, mientras se acercaba a su madre, sentada frente a dicho aparato, ubicado en un rincón de la sala al lado del mueble del televisor holográfico.

-Sí. Ya sabes, tu tía no puede vivir sin la tecnología avanzada.

Pasaron unos segundos, hasta que llegó su pequeña hermana, que se acercó con ellos con algo en las manos:

-Ma, André, vean esto. Es una representación artística hecha por computadora.

-Espera Liz, que la tía va a llegar. –La interrumpió Andrew-, luego nos muestras tu proyección holográfica.

-¡Qué bien! ¡La veré después de mucho tiempo! –Dijo Liz emocionada, mientras se sentaba en el sofá, junto a su madre.

Andrew dejó su chaqueta impermeable en el colgador de la puerta, y se detuvo frente a la computadora de la casa, que controlaba mediante enlace BlueTooth el teletransporte, aunque este podía funcionar solo.

Activó el lector de pantalla y comenzó a revisar su correo, para pasar el rato mientras la tía llegaba.

Le llamó la atención un mensaje de uno de sus amigos, al cual no veía hacía como dos años; después leería ese mensaje con tranquilidad, en su ordenador de bolsillo. Pensaba que sería algo relacionado con lo que su contacto de EUNA le había mandado.

Luego, lo que le llegaba eran boletines de varias revistas de ciencia y tecnología, todas marcadas con el símbolo Shulum, para demostrar que no estaban en contra del régimen mundial.

Aparte de eso, le habían llegado mensajes de su red social, y de sus cuentas de mensajería instantánea; y además de eso, no había nada de nada. Decidió dejar la computadora para más tarde, para después de recibir a la tía.

Entonces la voz sintética de la computadora anunció por los altavoces:

-Llegada en diez  segundos de Rachel Winstolm; preparando teletransporte en modo receptor…

-¡Sí! ¡Ya va a llegar! –dijo Liz emocionada, mientras Andrew se acercaba al sofá en donde estaban su madre y su hermana.

Los diez segundos pasaron; y con un ruido de energía, configurado por Andrew para que les avisara, la tía Rachel apareció en la plataforma de transporte.

-¡Tía! –Su hermana se abalanzó sobre la tía, abrazándola con fuerza. Andrew se puso a su costado, para saludarla después de Liz.

-¿Cómo está mi querida sobrina?

Su voz no había cambiado en nada. Andrew la hubiese reconocido de todas maneras:

-André, ¡mi querido André! –Un fuerte abrazo fue el saludo de su tía-; pero ¡cómo haz crecido!

-Sí tía –interrumpió su hermana-, mide casi dos metros.

-No exageres Liz –dijo Andrew, Sonriendo con alegría por volver a ver a su tía Rachel después de tanto tiempo.

Mientras las tres mujeres comenzaban a charlar, Andrew se fue a su habitación, para poder leer ese correo misterioso. Sentía que era algo muy importante, que quizás pudiera cambiar su vida.

Se recostó sobre su cama, después de haber abierto la ventana para que la brisa de la lluvia pudiera entrar a la habitación.

Tomó su mini portátil, y se puso sus auriculares inalámbricos, sintonizando su radio particular con la música elegida por él mismo, y abrió su correo, mientras activaba el video chat. Por ahora no quería conversar con nadie por el chat holográfico, porque no tenía ganas de estar sentado en la cabina holográfica.

Su habitación era de tamaño regular, en donde cabían con facilidad todos sus objetos personales.

Su cama, cuya colcha llegaba hasta el suelo, y que Andrew todavía no cambiaba, era grande y suficiente para que pudiera dormir a sus anchas. Al costado, su mesita de noche contenía su teletransportador de pequeños objetos, así como también pequeños adornitos tecnológicos, producto de sus cumpleaños desde que tenía 4.

Activó el programa I.A..., que era el nuevo software para personas con vista reducida o ceguera total. La voz sintética de una chica comenzó a hablar:

-André, tienes varios mensajes en el buzón de correo, muchas notificaciones en la red social de extranet y varias solicitudes de archivos en la nube.

Por eso le gustaba este nuevo software a Andrew. Simulaba una inteligencia artificial, por eso es que sus siglas eran I.A. Se sentía fascinado por los nuevos lenguajes de programación que los creadores habían usado en realizar este programa.

El software al principio había sido diseñado especialmente para que una persona ciega pudiera interactuar de la mejor manera con una computadora, ya que los lectores de pantalla convencionales ya no bastaban para eso. Además quería saber cómo el software podía aprender del entorno, enriqueciendo sus diccionarios de inteligencia, así mismo sobre la persona o personas con las que tenía contacto.

Diana, quiero ver los archivos de correo y lístalos por países, creo que me llegó uno de EUNA. –Le dijo Andrew a la computadora.

-Se te nota un poco ansioso André –Le dijo la máquina, mientras él veía como se abría el programa de correo, y estos aparecían con letritas que no podía alcanzar a ver.

-Sí, es que creo que me mandaron un archivo desde EUNA que puede ser muy interesante. –Respondió Andrew mientras apoyaba la espalda en la pared y escuchaba su música favorita.

Bueno, tus correos por países son –Comenzó a decir la computadora, pasando por una lista extensa de correos que tenía que responder, reenviar, eliminar y hacer muchas otras cosas con ellos.

Hasta que llegó:

-…De destinatario “el gatito azul”, con contraseña cifrada de 64 caracteres. Mensaje desde servidor a3b7c9z8, con posible error de ubicación de 1 kilómetro. Información para Andrew desde EUNA.

-Diana, por favor, abre ese último correo que leíste.

-Claro André.

A los 5 minutos, Andrew sabía muchas cosas sobre los Shulum que no eran de conocimiento público; pero sospechaba que esa información apenas era una pequeña parte de lo que los Actuales gobernantes del mundo estaban escondiendo.

-Andrew, acaba de llegar un correo con contraseña cifrada de 512 caracteres, de suma importancia a ver por lo que pone aquí, y en código rojo. –La voz de su computadora lo sacó de sus pensamientos:

-Pero… ¿Qué dice? Abre el mensaje por favor.

-De destinatario desconocido, con servidor con IP oculta, mensaje de zuma urgencia código rojo. Usted acaba de acceder a información secreta del gobierno Shulum, y ha sido rastreado. Unos representantes del gobierno se asegurarán que usted no pueda contar nada a nadie.

-¡Demonios! –Dijo Andrew, mientras se quitaba los audífonos de golpe. ¿Por qué había olvidado de ocultar la IP? Fácilmente ahora los funcionarios del gobierno llegarían a su casa, y esa amenaza no parecía en vano.

“¿Qué hago?” pensaba Andrew, mientras se sentaba otra vez en la cama, y volvía a colocarse los audífonos.

-Diana, por favor, quiero ver las últimas noticias

La computadora accedió a las últimas noticias mundiales, y preguntó:

-¿De qué índole?

-Las últimas muertes que se registraron en los últimos minutos.

-Muerte de 5 muchachos en el estado de Illinois.

La agencia nacional de noticias nos comunicó que hace nada más 5 minutos unos sicarios mataron a 5 muchachos a sangre fría. No se sabe la identidad de estos chicos, lo único que se sabe son sus apodos, por los que eran conocidos en su barrio y en la red. Compumalo””, “El gatito azul”,…

Los otros 5 nombres no pudo escucharlos. Su mente se hallaba llena de pensamientos que no lo ayudaban a relajarse Si el gatito azul había muerto por conseguir esa información, entonces eso significaba el motivo por el que lo habían rastreado y mandado esa amenaza.

Fugaces visiones de sus familiares cayendo muertos por asesinos mandados por los Shulum, o de él mismo…

***

-Patrick, rápido, tenemos que hacer esto lo más antes posible.

-Sí, espera que me alisto para nuestra tarea.

Diego y Patrick a simple vista parecían hombres cualesquiera; pero si uno se fijaba en sus ojos, notaba que eran más fríos que el acero. Sus movimientos sigilosos, demostraban su facilidad para no ser detectados, algo que intentaba desmentir sus voces tranquilas y que deberían pertenecer a personas del común.

Diego cargó con una cápsula de energía su lanzador de láser, para poder realizar las últimas órdenes que desde Alemania había mandado la capital Shulum. Parecía, que como siempre, alguien había logrado burlar la seguridad de los servidores del gobierno, y que esa información, además de filtrarse hacia el lugar de donde se la había sacado, había logrado viajar por correo hasta la ciudad, lo que explicaba por qué ellos tenían que deshacerse de las personas de esa casa.

Estaba a punto de activar el antifaz holográfico que ocultaría su rostro, cuando su reloj computador emitió una breve vibración que indicaba mensaje de urgencia.

-Aquí s379 –Contestó; y desde el otro lado, una voz que había aprendido a identificar como el gran capitán desde Alemania habló:

-Últimas órdenes desde Alemania s379. Yo iré personalmente a encargarme del caso al que se le está mandando.

-Muy bien gran capitán.

Se preguntó cuán importante eran esas personas, y por qué el gran capitán quería encargarse de ellas personalmente.

***

Terminó de ajustarse la chaqueta, y tomó el pequeño objeto que hacía posible que su rostro no fuera visible, que fuera otra persona a la que los demás creían ver.

Aquel chiquillo había arruinado brevemente sus planes antes de tiempo; pero esas habilidades que había mostrado al ocultar su ir y disfrazarla como si viniera de EUNA, y que luego hiciera recaer las sospechas en la capital de Perú era sin duda la demostración de una capacidad mental impresionante. Justo el segundo al que estaba buscando.

La chica japonesa ya se encontraba en los cuarteles principales de los Shulum. Luego traería al chico y seguiría buscando a los demás.

Ryan Mackneil se miró en el pequeño espejo antes de ponerse la máscara holográfica. Y ahora era otra persona.

capítulo 1


Capítulo 1

Las piezas del rompecabezas.

 

Era una noche nublada en el Japón del 2077. Todo era normal, o por decirlo así, en ahora, un Japón que daba sus nuevas tecnologías a los Shulum por orden de ellos. Cualquiera habría pensado que ese sería un día normal como cualquier otro, pero no sería así.

Los Akita se despidieron de su hija antes de irse a una reunión de negocios. La chica había invitado a una amiga a dormir, pero esta no había podido asistir por cuestiones escolares. Eso no le quitaba la emoción y la felicidad de tener la casa para ella sola y poder hacer lo que quisiera, tenía 2 días de libertad plena. Ya tenía 16 años y 4 meses, por tanto, sus padres ya consideraban que estaba en edad de estar sola en casa y quedarse a cargo de ella.

Natsumi Akita era una joven de 16 años que vivía con sus padres en la capital japonesa, Tokio. Era una joven alegre, responsable y sencilla. Le encantaba cantar todo el tiempo y siempre estaba leyendo un libro nuevo por el afán de aprender. Ella era ciega, aunque siempre había luchado por su idnependencia. Ese día, ella estaba muy feliz ya que al fin se quedaría a cargo de su propia casa, sin objeción de sus padres por ello.

En cuanto se fueron sus padres, encendió su ordenador. Quería terminar esa saga de tantos libros que tanto había querido leer y en la cuál ya iba por la mitad. Siendo que ya no había quién la interrumpiera, podía hacerlo sin problemas. Inició una seción en un programa de mensajería instantánea y empezó a leer mientras platicaba normalmente con amigos. Eran ya pasadas de la media noche y la mayoría de sus amigos se había ido a dormir, cuando escuchó unos helicópteros muy cerca.

 “Qué extraño, no se ha anunciado nada últimamente y el meteorito que iba a hacia la tierra fue detenido hace semana y media… ¿Qué harán helicópteros aquí?” Se preguntaba a sí misma.

Dejó el ordenador sin importarle nada. Puso sus audífonos en el escritorio y bloqueó el teclado por si las dudas. Se paró de su silla, examinando lentamente el lugar con su desarrollado sentido del oído.

El cuarto de natsumi era grande y espacioso. Tenía una cama matrimonial para ella sola, en la cual, había demasiados almohadones y muñecos de felpa. A su izquierda, había un buró con una lamparita colgante en forma de estrella y un alajero en forma de corazón en su superficie. Dentro del alajero, se podía apreciar un collar con un dije enorme en forma de el símbolo musical para indicar la clave de sol. En uno de los cajones del buró estaban ordenados mmicro memorias de presentaciones holográficas que había creado ella sola, unos audiculares con un reproductor musical de hace 60 años y un móvil. Frente a la cama, se encontraba el escritorio de natsumi. Era un mueble de madera donde estaba su teletransportador, su computadora y su consola de sonido. Frente a este, había un espejo, el cuál, en estos momentos reflejaba a una Natsumi confundida y con los ojos en blanco. A la derecha había un closet con su ropa y sus zapatos, quedando en medio del escritorio y el armario la puerta de salida. En la cuál, estaba pegado un poster con todos los Vocaloids salidos hasta el momento, que eran arriba de 50.

Salió de la puerta a tientas sin encender ninguna luz. Tenía su oído agudizado por si llegaba a escuchar algo extraño, lo cuál, sí ocurrió. Escuchó voces distintas a las habituales y se alarmó. Se dirigió a la cocina con paso rápido y seguro y tomó un cuchillo en cada mano. Al darse cuenta que los individuos iban hacia la puerta de entrada, Natsumi se escondió en la despensa a esperar lo que pasara.

—¿Quién está…?- Dijo con la voz temblorosa —¿Zuki? ¿Ryuto? ¿mamá? ¿papá?- no recibió respuesta alguna. Estaba muerta del miedo.

La adrenalina corría por todo su ser haciéndole pensar más rápido y tener más fuerza de la común. Apretó los 2 cuchillos con fuerza en sus manos, haciéndose una leve cortada en las palmas. No le importó, pensó que después se limpiaría la sangre derramada. Empezó a sudar frío, cuando de repente, empezó a escuchar que alguien golpeaba fuertemente la puerta principal de la casa.

—En el nombre del gran Shulum ¡Abran la puerta!- Gritó alguien desde afuera.

—¡no puede ser!- Se dijo Natsumi casi sin aliento –Son soldados de los Shulum, ¿Qué demonios habrá pasado?- Siguió hablando en voz baja para ella sola.

Al ver que no tenían respuesta, los soldados tiraron la puerta de entrada disparando con un misil bastante poderoso. Era tan poderoso, que incluso hizo temblar la casa por 5 segundos, casi como si hubiera un terremoto.

Al darse cuenta de que no había nadie en casa, los soldados entraron por la fuerza. Fueron rompiendo los cuadros de la sala, destrozando los cubiertos de la cocina y robando todo objeto de valor. Antes de irse, dejaron en la puerta una marca hecha con una especie de pintura permanente que tenía el símbolo de Shulum. El símbolo consistía en una letra omega invertida que se encontraba dentro de una especie de corazón deforme. Debajo del símbolo se encontraba la leyenda de Shulum, que decía algo así:

“El que siga a Shulum será recompenzado con la divinidad definitiva en la propia tierra”.

—Esta vez no fue divertido entrar a una casa, al parecer los Akita no se encontraban dentro… ¡Hubiera sido genial escuchar sus alaridos y torturarlos un poco!- Dijo uno de los soldados que escoltaban al capitán. Estaban a punto de irse, se encontraban revisando el helicóptero y poniendo gasolina en este.

Al comprobar que no había nadie y después de que haya podido razonar que, según ella, estaba casi salvada de los Shulum, Natsumi decidió salir de su escondite. Ryuto, uno de sus amigos a los que consideraba casi su hermano menor, no se había equivocado al decirle que ese sería un gran escondite algún día. No podía esperar para ir al instituto o hacer una llamada telefónica para contarle todo esto. Aunque era tarde, sabía que Zuki podría hablar con ella. En estos momentos su gran amiga le sería de consuelo. Como le daba pánico descubrir algo en su ordenador, decidió ir a por su móvil.

El cuarto de la chica estaba con la luz apagada. Milagrosamente, los Shulum no habían entrado ahí, o si lo hicieron, no destruyeron absolutamente nada. La pantalla del ordenador brillaba, siendo el único proveedor de iluminación en el lugar. En el computador se podía apreciar una serie de frases escritas en hiragana, que la voz cintética podía decirle a la chica en cuanto ella se pusiera sus audífonos. De estas, destacaba una escrita con letras brillantes: “Tienes una solicitud de contacto.”

Mientras Natsumi sacaba su móvil, después de verificar que el contacto de Zuki aparecía como desconectado y decidir dejar la solicitud de contacto para responderla después, se abrió una ventana nueva correspondiente a un nuevo contacto de Natsumi. Éste, era el contacto que había mandado la solicitud hace no menos de 5 minutos.

 “3 de febrero del 2077,  1:23 AM. R. M: Connichiwa, Natsumi-san”.

Natsumi tomó su móvil y buscó entre sus contactos. Ahí estaba, el número de Zuki. Oprimió el botón de llamar y esperó a que ella contestara.

—¿Hola?- Se escuchó una voz adormilada al otro lado del teléfono.

—¿Zuki, estás despierta?- Dijo Natsumi.

—¡Hola, natsu! No, no lo estoy. Fíjate que estoy hablando dormida y justo sueño que tengo una charla telefónica contigo… ¡pero claro que estoy despierta!- Dijo Zuki con sarcasmo, prosiguió otra vez con tono de extrañeza  —¿Cuál es la urgencia? Tú nunca llamas a esta hora-

—No, sólo quería hablar contigo. No pudiste venir a dormir a mi casa pero quiero tener una velada contigo mientras hablamos, ¿te parece?-

—Acepto, pero vale, ¿Tú qué te traes? Nunca llamas por móvil y ahora quieres tener una velada por ahí, ¿no quieres que hablemos por chat o viajar en el transportador?- natsumi no era tonta. Sabía que si subía al teletransportador sería fácil para los Shulum descubrir su ubicación. La chica analizó un millón de posibilidades, pero decidió que esto lo tenía qué saber su mejor amiga.

3 de febrero del 2077, 1:25 AM, R. M: ¿Te encuentras ausente?

—nada, se me fue el sueño- le dijo natsumi a su amiga con naturalidad.

—Vamos a ver, Akita. Tú andas muy extraña hoy, ¿Qué pasó contigo?-

—Hummm… ¿has visto a ryuto?-

—no, pero esto me suena a que es un asunto que los 3 debemos tratar. ¿No es así?- Dijo Zuki interrogante.

3 de febrero del 2077, 1:27 AM, R. M: Como veo que no respondes, tengo qué mandarte un aviso. Corre. Hay soldados de los Shulum cerca de tu casa. Cuelga el móvil de inmediato. No pongas a nadie más en peligro.

3 de febrero del 2077, 1:28 AM: R. M. desea iniciar una videollamada contigo.

—Bueno Zuki, no es algo que se pueda decir a la ligera… tengo miedo, mucho miedo- A Natsumi se le empezaron a salir las lágrimas y su voz empezó a quebrarse en el teléfono mientras decía frases inentendibles de lo rápido que hablaba.

3 de febrero del 2077, 1:29 AM: tienes una llamada perdida de R. M.

Mientras tanto, uno de los soldados estaba histérico al no encontrar uno de sus misiles. El capitán lo miraba furioso mientras esperaba impacientemente para hacerle algo o despedazar al individuo.

—¡Eres un maldito imbécil! ¿cómo se te ocurre perder uno de los misiles? ¿Sabes que eso puede ser cruelmente penado, verdad?-

—¡perdóneme señor sargento!- Dijo el soldado con voz temblorosa –claro que conozco las reglas, pero creo saber dónde lo he dejado-

—Habla, tenemos qué ir a arreglar las estupideces que hacen las escorias como tú-

—Bueno, creo que dejé el misil con todo y cartuchos en la casa de los Akita-

—Tienes una suerte tremenda, no te mataremos porque nadie se enterará de lo sucedido, claro, si es que los Akita no han vuelto-

Los soldados caminaron en pose de guardia unas cuántas cuadras hasta llegar al jardín de los Akita. Encontraron el misil, pero de pronto oyeron un ruido. Sonaba como una voz ahogada por las paredes de una habitación con acústica.

—¿Compañeros, soy yo o hay alguien dentro de esa casa?-

—¿Les parece si investigamos?- Dijo otro de los sujetos.

—Obviamente hay que entrar. No podemos dejar evidencia de las idioteces de su compañero al perder el misil. Pero esta vez, entremos sin ruido. No podemos hacer más desastres- Dijo el capitán.

Entraron a la casa silenciosamente, casi ni pareciera que fueran soldados, más bien hubieran podido hacerse pasar por la gente de los barrios bajos que robaba a la clase alta sólo por conseguir comida y recursos que los gobiernos ya no les proporcionaban. Observaron con asombro que había un rastro de sangre en la cocina. No era algo así como para alarmarse o para pensar que había un cadáver, pero este rastro indicaba un camino. Pudieron escuchar con claridad la voz que provenía del segundo piso. Parecía la voz de una adolescente que hablaba con alguien. Rápidamente se pusieron en guardia, se dieron cuenta que habían sido engañados. Y eso, perteneciendo a la asociación más poderosa del mundo, no podía ser permitido.

El rastro de sangre se iba haciendo cada vez menos notorio. El sargento y su batallón menos preparado se quedaron esperando al pié de la escalera, mientras que los 2 soldados más experimentados del batallón subieron las escaleras.

—¿haber Natsu, qué ocurre? Ya sabes que estoy para apoyarte… ¿Ryuto no te quiere? ¿Te peleaste con tus padres?-

—No Zuki, esto es algo mucho más grave… En mi casa estuvieron los…-

3 de febrero del 2077, 1:35 AM R. m.:  Corre, Natsumi Akita. Corre por tu vida, ¡Te lo suplico!

De inmediato Natsumi sintió como alguien abría la puerta de su cuarto, se abalanzaba y rompía su móvil en su propia mano lastimando la cortada que no se había ido a lavar.

—¿natsumi Akita, qué está pasando? ¿Hola? ¿hola? ¡No puede ser…! ¡maldita sea, responde!- gritaba Zuki histéricamente al escuchar únicamente estática en su línea.

Natsumi se hayaba tirada en la cama matrimonial sintiendo una mano apretar su garganta y un aliento en su rostro.

—Ajá, esto explica el rastro de sangre. ¡Capitán! ¡Compañeros! ¡pueden subir!- escuchó una voz desde la puerta. No encontró otra explicación, sabía que la habían atrapado. Podía darse por muerta.

—Pequeña tonta, ¿Creíste que podrías burlarte de nosotros, a que sí?- Le dijo quien la tenía atrapada.

Natsumi lanzó un alarido fuerte que tomó por sorpresa a los individuos. El que la tenía apresada soltó su cuello, tiempo que ella aprovechó para patear su estómago. Al intentar salir corriendo alguien la tiró de los cabellos y la hizo girar 3 veces en el aire. Cayó estrellando su cabeza contra su escritorio levantándose algo mareada. Escuchaba las risas de los tipos, hasta que recordó. No había ido a guardar los cuchillos a su cocina, si no que los había dejado debajo de su portátil. Levantó la computadora y empuñó los objetos afilados con ambas manos, gesto que hizo que los soldados se rieran más de ella. Gracias a sus oídos logró guiarse hasta ellos, pero cuando iba a clavar los cuchillos certeramente, sintió un choque eléctrico en su espalda. Alguien la había aporreado con una porra eléctrica, gesto que hizo que soltara los cuchillos, que fueron a parar al estómago del sargento.

—¡maldita niña del demonio! ¡Mátenla ahora!- dijo este furioso. De pronto, Natsumi sintió como una sustancia había sido inyectada en su brazo. Cayó inconciente.

Al despertar se encontraba desorientada. Sabía que estaba en una habitación y que esta estaba bacía. Quiso levantarse a explorar su entorno, pero se dio cuenta de que estaba atada de piernas y brazos. Cayó en la cuenta de lo que le había sucedido no sabía cuándo. No tenía idea de en qué fecha estaba viviendo ni de  qué era lo que ocurría a su alrededor.

Empezó a llorar fuertemente, sin que nadie la escuchara. Se consideraba una mujer con valor y astucia, tenía la esperanza de que haría todo lo posible por salir de esa maldita prisión. Solamente pudo deducir que se encontraba en la base central de Japón, no pudieron haberla traído a otra parte. De repente, algo se le vino a la cabeza: Zuki.

—¡Oh por Dios, Zuki! ¡mis padres! ¡Todos estarán preocupados por mí!- se dijo para sí misma entre sollozos –Esto no me puede estar pasando, ¡No a mí! ¿¿Porqué? ¿Porqué tiene qué pasarme esto a mí?-

Un joven alto y fornido, de cabello oscuro, tez blanca y ojos azules se dirigía hacia el cuartel general de la base central del Japón, Tenía unos 24 años, pero ya era uno de los mayores generales de infantería de la sociedad gubernamental. Abrió la puerta de su laboratorio y se paró en el teletransportador. Tecleó unos códigos y en unos minutos se encontró en un enorme castillo subterráneo ubicado en Alemania. Subió unas escalerillas y de pronto se encontró con una puerta color carmesí, que tenía pintado el símbolo de aquella sociedad a la que tanto detestaba. Tocó la puerta 3 veces.

—Pase- Dijo una voz cantarina.

El joven abrió la puerta y se encontró cara a cara con una especie de laboratorio. Había personas mutiladas y algunos aparadores con sustancias químicas. Detrás de una cama de sirugías se encontraba una mujer de rostro resplandeciente. Parecía tener entre 18 y 20 años. Su cara era redonda, tenía el cabello corto, liso y de color negro. Sus ojos eran color ocre y tenía una mirada bastante penetrante. Al verlo entrar, le sonrió con un aire de superioridad y una sonrisa que nadie en el mundo tenía. El joven la reverenció.

–Ryan macneil…- lo miró a la cara –Hace mucho que no te veía por aquí, mi soldado concentido. ¿Qué puedo hacer yo por ti, querido?-

—Madre Cristine, no sabe el gusto que me da verla. Mire usted, que tengo un asunto qué comunicarle. Creo que sería un traidor a usted si no hago lo que he intuido gracias a investigaciones-

—Adelante, muchacho. Tienes la palabra. ¿Acaso descubriste a algún rebelde?-

—Es algo más grave que eso y creo que soy el indicado para detenerlo. La cosa está así: Hace un siglo aproximadamente, empezaron a surgir una serie de humanos con el ADN alterado. Tienen más habilidades que un humano común, son mucho más inteligentes y son muy peligrosos-

—Qué inocente eres, pequeño- La chica le sonrió amistosamente –Esas personas se llaman índigos y deberías saber que ya hay varios en mis batallones- A Ryan se le vino el alma al piso.

—Lo que usted no sabe, madre, es que hay índigos adolescentes, sí, nuevas generaciones, planeando destruirla a usted y a toda esta poderosa familia-

—¿y qué sugieres hacer?-

—Hace menos de un día hemos encontrado a una de las iniciadoras. Deje que me la lleve y entrenarla, tengo 2 opciones: lavar su cerebro y que se haga de nuestra parte, o matarla. He escuchado que es una chica bastante obstinada-

—Mátala. No podemos confiar al 100% en alguien que ya tuvo ideas contradictorias a las de nosotros y lo sabes bien. Ve y dile al capitán de la base japonesa que está estrictamente comandado por mí que te lleves a esa niña a donde a ti se te dé la gana. Haz lo que quieras con ella, pero la quiero muerta. ¿Entendido?-

—Gracias, madre. Puede confiar plenamente en mí- Ryan sonrió. Todo iba como había sido planeado.

***

Natsumi se encontraba en su cuarto sin saber qué hacer. Ya había intentado zafar las cuerdas que le ataban, pero no podía hacer nada. Al contrario, había hecho los nudos más fuertes. Escuchó que alguien tocaba la puerta.

—¿Akita, Natsumi?- Escuchó una voz mientras la puerta de su habitación se abría. Natsumi respiró el aire fresco y limpio que entraba por primera vez en 2 días.

—Hijo de puta- Dijo ella con enfado.

—Cuidado con sus modales, señorita. Usted será trasladada con el capitán Macneil- Le dijo la voz mientras la liveraba de las cuerdas para cambiarlas por esposas.

La chica fue conducida hacia un helicóptero. Estando ahí dentro, le fueron retiradas las esposas y por primera vez en ese lapso de tiempo se sintió libre. Escuchó que cerraban la puerta, se abrochó el cinturón y se recostó en el asiento del helicóptero. Le dijeron que la conducirían al continente americano, así que este sería un viaje largo. Necesitaba descansar.

jueves, 3 de octubre de 2013

prólogo de nuestra historia


PRÓLOGO


EL COMIENZO DEL FIN


 

Aquel fue el fin de la Tierra tal cual la conocemos.

En tan solo 14 años, la humanidad retrocedió mucho. Las guerras, las hambrunas, los problemas sociales que comenzaron a afectar a la Tierra a mediados del siglo XXI la convirtieron en lo que es ahora, un lugar donde una sociedad de fanáticos religiosos extremistas imperan, y tienen al mando todos los gobiernos del mundo.

Todo esto pensaba Elisa mientras ordenaba la habitación de su hijo pequeño, que en esos momentos estaba jugando con el perrito de la casa en el jardín.

La mujer se preguntaba por qué había ocurrido todo aquello, y que hubiese sido de ella y su familia si no hubieran tenido una situación económica buena y estable. Sabía de amigos que habían caído en la desgracia, y que habían muerto a manos de la sociedad Shulum, la que ahora controlaba el mundo.

Se acercó a la ventana de la habitación, observando el cielo despejado, y el sol que estaba justo en su cenit; desde la ventana se podían observar los campos cercanos, cuyas tierras de cultivo ya no servían más, por culpa de aquella sociedad maldita de los Shulum. Menos mal que no causó ningún estrago en aquella casa, la única que quedaba de una enorme mansión a las afueras de la ciudad.

. El paisaje de afuera no le parecía tan hermoso como hacía años, cuando apenas era adolescente. Parecía que la misma Tierra ya no quería dar más de sí, para que sus profundas heridas cicatrizaran.

Tampoco los seres humanos tenían aquel espíritu de lucha de antes, ya que cualquier rebelión era rápidamente aplastada por los miembros de la sociedad Shulum apenas surgía. El miedo cundía en absolutamente todos los países del mundo, e incluso en la pequeña colonia que se había formado en la Luna.

Incluso ella, aunque tenía de todo, era incapaz de mantener la esperanza; creía que solo aguantaría unos días más, y que luego estaría muerta en vida, sin tener por qué vivir.

Pero… ¡Sí tenía un motivo por el que vivir!

Desde el jardín le llegó la voz de su pequeño hijo de 4 años:

-¡Mamá! ¡Se acercan!

Elisa bajó rápidamente las escaleras, mientras sacaba su computador de bolsillo para ver las cámaras exteriores, y todo lo que rodeaba la pequeña casa:

-¡Ya voy!

Salió corriendo, mientras un zumbido lejano comenzaba a escucharse:

“¡No! ¡Seguro que vienen por nosotros!” pensó Elisa con desesperación, mientras llegaba junto a su pequeño y lo alzaba en brazos:

-Mami, vienen dos Helicópteros, ¡mira!

En efecto. Dos helicópteros de tecnología avanzada se acercaban rápidamente, mientras descendían y se preparaban para aterrizar cerca de allí.

-Mi amor, ¡tenemos que irnos de aquí! –susurró Elisa al oído de su pequeño, mientras lo aferraba con fuerza, y entraban corriendo a la casa.

Elisa barajaba muchas posibilidades para poder escapar de allí, pero ninguna funcionaría si aquellos efectivos de los Shulum llegaban a entrar a su casa.

Solo había conducido su helicóptero particular una sola vez. Esta vez, Elisa esperaba que pudiera pilotar el vehículo aéreo, que se hallaba en un helipuerto al lado de la casa.

Mientras abrazaba a su hijo con fuerza y corría por los pasillos de su casa, iba encendiendo el helicóptero por medio de su computador de bolsillo, y lo iba tratando de sacar del helipuerto.

-Ma, ¿A dónde vamos?

Elisa por fin abrió la puerta que daba al helipuerto. La recibió el zumbido de los rotores del helicóptero, y el aire de las palas que comenzaban a girar.

-Nos vamos de aquí mi amor.

Se acomodó en el helicóptero, luego de haber puesto a su hijo lo más seguro posible.

Se puso el casco de pilotaje, y tomó los mandos del helicóptero, mientras el computador del vehículo aéreo calibraba todo y este se elevaba del suelo con un sacudón.

Se alejó un poco de allí, mientras iba recordando las lecciones privadas que un piloto le había dado cuando era apenas una adolescente. Seguro que con la nueva tecnología en el helicóptero no sería tan complicado.

Entonces un ruido tremendo la sacó de su concentración. Ambos helicópteros de los Shulum sobrevolaban la casa, y habían soltado una bomba, y…

-¡Mamá! ¡La casa se fue! –Dijo su hijo, observando con asombro los escombros humeantes de la que había sido hacía unos segundos, la mejor mansión en todas las tierras circundantes.

-Si mi amor. Por eso tenemos que irnos –le respondió ella, retomando el control del helicóptero, que había perdido-. Ellos son malos y nos pueden matar.

Su hijo se asustó un poco, y comenzó a llorar quedamente, mientras veía que los helicópteros se comenzaban a acercar hacia ellos.

¡No!

Dijo ella mientras hacía virar el helicóptero cinto ochenta grados, y aumentaba la velocidad y altura.

-Mamá, tengo miedo. –Decía su hijo a la vez que Elisa se concentraba en el pilotaje de la nave, y revisaba las pequeñas pantallas ubicadas en la cola del helicóptero para ver a cuanta distancia se encontraban las naves Shulum.

Entonces se quedó petrificada, mientras el tiempo a su alrededor parecía hacerse muy lento.

Una de las pantallas mostraba a los dos helicópteros Shulum preparando los misiles de ataque. Los cabezales de los lanza misiles se estaban poniendo al rojo vivo, lo que indicaba que iban a lanzar un rayo concentrado de láser, la mortífera arma que habían usado los Shulum en las diferentes guerras en todo el mundo.

Esperó a morir en cualquier momento, mientras que su hijo, a su lado, había dejado de llorar, quizás comprendiendo el peligro.

Entonces vio aquellos rayos láser mortíferos comenzando a salir de los lanzamisiles, y de manera sorprendente, una barrera algo sobrenatural se interpuso en el camino de los láseres, deteniéndolos.

-¿Pero… qué?

Elisa no lo podía creer. Algo o alguien habían interpuesto aquel escudo extraño entre ella y los Shulum, deteniendo lo que sin duda iba a ser su muerte.

-¡Mamá! ¡Magia! –Su hijo la sacó de sus pensamientos, para poder observar como desde el suelo bajo ellos, subían unos chorros de energía azulada que impactaron en ambos helicópteros Shulum, y que estos inmediatamente estallaran en llamas, desplomándose hacia el suelo girando descontroladamente.

Elisa no sabía quién había sido aquel que había lanzado esa fuerza misteriosa que había dejado fuera de combate a los Shulum en unos segundos; lo único que sabía es que tenía que aterrizar para que no la atacasen también. O quizás podría ser un amigo que también esté en contra de los Shulum.

Descendió suavemente para no causar que le dispararan también, a la vez que su hijo le decía:

-Ma, llegaron los magos poderosos que nos cuidarán contra los malos. ¡Qué bien!

Elisa, en silencio, detuvo los motores de la nave, y luego sacó a su hijo para juntos bajar del helicóptero.

Mientras las palas dejaban de girar Elisa rodeó el helicóptero, buscando a ese algo o alguien que los había salvado, y entonces la vio.

-Saludos Elisa.

Era una mujer algo extraña, con unos ojos grandes, más de lo normal en una persona común y corriente; su cabello de un color rubio, casi blanco le caía sobre los hombros, tapando sus orejas que de seguro serían también extrañas.

Estaba vestida con una túnica de tela suave ceñida a la cintura por un cordón blanco anudado a un costado. En una de sus manos tenía una pequeña esfera de color verde, que parecía tener un brillo sobrenatural.

-Ho…hola señorita… -Respondió Elisa al saludo de manera insegura.

-Te salvé –comenzó a hablar la mujer con su voz melodiosa y de manera tranquila-, porque tú serás importante para mi mundo y para tu planeta Tierra.

La mujer leyó la interrogación en el rostro de Elisa y continuó hablando:

-Ven, sígueme si quieres saber cómo lo harás.

La mujer se movía elegantemente, de manera que no parecía caminar, sino deslizarse por el suelo de grava y unos cuantos hierbajos.

Descendieron por la suave pendiente de una de las colinas que rodeaban la mansión, ahora destruida, mientras que su hijo se aferraba a su mano, caminando y observando a la mujer con un gesto extraño, mezcla de admiración y extrañeza.

-¿A dónde nos dirigimos? –preguntó Elisa cuando estaban a punto de llegar a los restos de la mansión destruida.

-Espera Elisa. Que dentro de unos segundos lo verás.

Entonces la mujer, aferrando aquella esfera verde en su mano izquierda, alzó la derecha y murmurando unas palabras inteligibles hizo que varias toneladas de escombros se elevaran, y que suavemente se depositaran unos metros más allá, dejando libre un espacio bastante grande.

-Elisa, ven; acércate. –dijo la mujer, aproximándose al centro del espacio despejado, como buscando algo-. Si los Shulum no hubiesen venido justo hoy, entonces lo habrías encontrado de todas formas.

Elisa se acercó a la mujer, y bajó la vista hacia donde señalaba con la mano que aferraba la esfera verde.

Allí, completamente inmaculada, sin ningún rasguño a pesar de las toneladas de restos que estaban encima, estaba una pequeña cuna; y dentro de ella, profundamente dormido, un bebé de aproximadamente un año los miraba.

-Elisa, debes cuidar a este niño más que a tu vida. De él dependerán muchas cosas en el futuro, para mi mundo y para el tuyo. –Explicó la mujer, tomando la cuna con suavidad y dándosela a Elisa quien la recibió un poco incrédula, y preguntándose por qué aquel niño no había sufrido ningún daño.

-Ahora, Elisa, los llevaré a ustedes tres a un lugar donde podrán vivir en paz durante mucho tiempo, hasta que el niño –y señaló a la cuna que tenía Elisa-, tenga la edad suficiente para que haga su papel en nuestro futuro.

La mujer chasqueó los dedos, y una esfera transparente comenzó a crecer, envolviéndolos a todos; y luego de unas palabras, Elisa vio otra realidad fuera de la burbuja que había formado la mujer extraña.

-De ahora en adelante, vivirán aquí, en esta fortaleza construida especialmente para ustedes y los que vendrán en el futuro. –Dijo la mujer, a la vez que señalaba algo que Elisa no había notado antes.

Una fortaleza enorme, y cuyas paredes eran de color añil, se alzaba majestuosa por sobre los enormes árboles.

-Elisa –Comenzó a decir la mujer-, estamos en la Amazonía peruana. Te pido por favor, que no salgas de aquí. En este lugar estarás protegida por las fuerzas de la naturaleza, y por las fuerzas de mi mundo.

Por si acaso te dejaré el helicóptero que usaste ahora, servirá para algo en el futuro; ahora se encuentra en una habitación dentro de la fortaleza.

Así que Elisa, entra a tu nuevo hogar.

Y la mujer desapareció misteriosamente, como si se hubiese evaporado de pronto.

-mis pequeños –dijo mirando a su hijo y al bebé que tenía en brazos-, desde ahora comenzaremos nuestra nueva vida.