lunes, 11 de noviembre de 2013

capítulo 1


Capítulo 1

Las piezas del rompecabezas.

 

Era una noche nublada en el Japón del 2077. Todo era normal, o por decirlo así, en ahora, un Japón que daba sus nuevas tecnologías a los Shulum por orden de ellos. Cualquiera habría pensado que ese sería un día normal como cualquier otro, pero no sería así.

Los Akita se despidieron de su hija antes de irse a una reunión de negocios. La chica había invitado a una amiga a dormir, pero esta no había podido asistir por cuestiones escolares. Eso no le quitaba la emoción y la felicidad de tener la casa para ella sola y poder hacer lo que quisiera, tenía 2 días de libertad plena. Ya tenía 16 años y 4 meses, por tanto, sus padres ya consideraban que estaba en edad de estar sola en casa y quedarse a cargo de ella.

Natsumi Akita era una joven de 16 años que vivía con sus padres en la capital japonesa, Tokio. Era una joven alegre, responsable y sencilla. Le encantaba cantar todo el tiempo y siempre estaba leyendo un libro nuevo por el afán de aprender. Ella era ciega, aunque siempre había luchado por su idnependencia. Ese día, ella estaba muy feliz ya que al fin se quedaría a cargo de su propia casa, sin objeción de sus padres por ello.

En cuanto se fueron sus padres, encendió su ordenador. Quería terminar esa saga de tantos libros que tanto había querido leer y en la cuál ya iba por la mitad. Siendo que ya no había quién la interrumpiera, podía hacerlo sin problemas. Inició una seción en un programa de mensajería instantánea y empezó a leer mientras platicaba normalmente con amigos. Eran ya pasadas de la media noche y la mayoría de sus amigos se había ido a dormir, cuando escuchó unos helicópteros muy cerca.

 “Qué extraño, no se ha anunciado nada últimamente y el meteorito que iba a hacia la tierra fue detenido hace semana y media… ¿Qué harán helicópteros aquí?” Se preguntaba a sí misma.

Dejó el ordenador sin importarle nada. Puso sus audífonos en el escritorio y bloqueó el teclado por si las dudas. Se paró de su silla, examinando lentamente el lugar con su desarrollado sentido del oído.

El cuarto de natsumi era grande y espacioso. Tenía una cama matrimonial para ella sola, en la cual, había demasiados almohadones y muñecos de felpa. A su izquierda, había un buró con una lamparita colgante en forma de estrella y un alajero en forma de corazón en su superficie. Dentro del alajero, se podía apreciar un collar con un dije enorme en forma de el símbolo musical para indicar la clave de sol. En uno de los cajones del buró estaban ordenados mmicro memorias de presentaciones holográficas que había creado ella sola, unos audiculares con un reproductor musical de hace 60 años y un móvil. Frente a la cama, se encontraba el escritorio de natsumi. Era un mueble de madera donde estaba su teletransportador, su computadora y su consola de sonido. Frente a este, había un espejo, el cuál, en estos momentos reflejaba a una Natsumi confundida y con los ojos en blanco. A la derecha había un closet con su ropa y sus zapatos, quedando en medio del escritorio y el armario la puerta de salida. En la cuál, estaba pegado un poster con todos los Vocaloids salidos hasta el momento, que eran arriba de 50.

Salió de la puerta a tientas sin encender ninguna luz. Tenía su oído agudizado por si llegaba a escuchar algo extraño, lo cuál, sí ocurrió. Escuchó voces distintas a las habituales y se alarmó. Se dirigió a la cocina con paso rápido y seguro y tomó un cuchillo en cada mano. Al darse cuenta que los individuos iban hacia la puerta de entrada, Natsumi se escondió en la despensa a esperar lo que pasara.

—¿Quién está…?- Dijo con la voz temblorosa —¿Zuki? ¿Ryuto? ¿mamá? ¿papá?- no recibió respuesta alguna. Estaba muerta del miedo.

La adrenalina corría por todo su ser haciéndole pensar más rápido y tener más fuerza de la común. Apretó los 2 cuchillos con fuerza en sus manos, haciéndose una leve cortada en las palmas. No le importó, pensó que después se limpiaría la sangre derramada. Empezó a sudar frío, cuando de repente, empezó a escuchar que alguien golpeaba fuertemente la puerta principal de la casa.

—En el nombre del gran Shulum ¡Abran la puerta!- Gritó alguien desde afuera.

—¡no puede ser!- Se dijo Natsumi casi sin aliento –Son soldados de los Shulum, ¿Qué demonios habrá pasado?- Siguió hablando en voz baja para ella sola.

Al ver que no tenían respuesta, los soldados tiraron la puerta de entrada disparando con un misil bastante poderoso. Era tan poderoso, que incluso hizo temblar la casa por 5 segundos, casi como si hubiera un terremoto.

Al darse cuenta de que no había nadie en casa, los soldados entraron por la fuerza. Fueron rompiendo los cuadros de la sala, destrozando los cubiertos de la cocina y robando todo objeto de valor. Antes de irse, dejaron en la puerta una marca hecha con una especie de pintura permanente que tenía el símbolo de Shulum. El símbolo consistía en una letra omega invertida que se encontraba dentro de una especie de corazón deforme. Debajo del símbolo se encontraba la leyenda de Shulum, que decía algo así:

“El que siga a Shulum será recompenzado con la divinidad definitiva en la propia tierra”.

—Esta vez no fue divertido entrar a una casa, al parecer los Akita no se encontraban dentro… ¡Hubiera sido genial escuchar sus alaridos y torturarlos un poco!- Dijo uno de los soldados que escoltaban al capitán. Estaban a punto de irse, se encontraban revisando el helicóptero y poniendo gasolina en este.

Al comprobar que no había nadie y después de que haya podido razonar que, según ella, estaba casi salvada de los Shulum, Natsumi decidió salir de su escondite. Ryuto, uno de sus amigos a los que consideraba casi su hermano menor, no se había equivocado al decirle que ese sería un gran escondite algún día. No podía esperar para ir al instituto o hacer una llamada telefónica para contarle todo esto. Aunque era tarde, sabía que Zuki podría hablar con ella. En estos momentos su gran amiga le sería de consuelo. Como le daba pánico descubrir algo en su ordenador, decidió ir a por su móvil.

El cuarto de la chica estaba con la luz apagada. Milagrosamente, los Shulum no habían entrado ahí, o si lo hicieron, no destruyeron absolutamente nada. La pantalla del ordenador brillaba, siendo el único proveedor de iluminación en el lugar. En el computador se podía apreciar una serie de frases escritas en hiragana, que la voz cintética podía decirle a la chica en cuanto ella se pusiera sus audífonos. De estas, destacaba una escrita con letras brillantes: “Tienes una solicitud de contacto.”

Mientras Natsumi sacaba su móvil, después de verificar que el contacto de Zuki aparecía como desconectado y decidir dejar la solicitud de contacto para responderla después, se abrió una ventana nueva correspondiente a un nuevo contacto de Natsumi. Éste, era el contacto que había mandado la solicitud hace no menos de 5 minutos.

 “3 de febrero del 2077,  1:23 AM. R. M: Connichiwa, Natsumi-san”.

Natsumi tomó su móvil y buscó entre sus contactos. Ahí estaba, el número de Zuki. Oprimió el botón de llamar y esperó a que ella contestara.

—¿Hola?- Se escuchó una voz adormilada al otro lado del teléfono.

—¿Zuki, estás despierta?- Dijo Natsumi.

—¡Hola, natsu! No, no lo estoy. Fíjate que estoy hablando dormida y justo sueño que tengo una charla telefónica contigo… ¡pero claro que estoy despierta!- Dijo Zuki con sarcasmo, prosiguió otra vez con tono de extrañeza  —¿Cuál es la urgencia? Tú nunca llamas a esta hora-

—No, sólo quería hablar contigo. No pudiste venir a dormir a mi casa pero quiero tener una velada contigo mientras hablamos, ¿te parece?-

—Acepto, pero vale, ¿Tú qué te traes? Nunca llamas por móvil y ahora quieres tener una velada por ahí, ¿no quieres que hablemos por chat o viajar en el transportador?- natsumi no era tonta. Sabía que si subía al teletransportador sería fácil para los Shulum descubrir su ubicación. La chica analizó un millón de posibilidades, pero decidió que esto lo tenía qué saber su mejor amiga.

3 de febrero del 2077, 1:25 AM, R. M: ¿Te encuentras ausente?

—nada, se me fue el sueño- le dijo natsumi a su amiga con naturalidad.

—Vamos a ver, Akita. Tú andas muy extraña hoy, ¿Qué pasó contigo?-

—Hummm… ¿has visto a ryuto?-

—no, pero esto me suena a que es un asunto que los 3 debemos tratar. ¿No es así?- Dijo Zuki interrogante.

3 de febrero del 2077, 1:27 AM, R. M: Como veo que no respondes, tengo qué mandarte un aviso. Corre. Hay soldados de los Shulum cerca de tu casa. Cuelga el móvil de inmediato. No pongas a nadie más en peligro.

3 de febrero del 2077, 1:28 AM: R. M. desea iniciar una videollamada contigo.

—Bueno Zuki, no es algo que se pueda decir a la ligera… tengo miedo, mucho miedo- A Natsumi se le empezaron a salir las lágrimas y su voz empezó a quebrarse en el teléfono mientras decía frases inentendibles de lo rápido que hablaba.

3 de febrero del 2077, 1:29 AM: tienes una llamada perdida de R. M.

Mientras tanto, uno de los soldados estaba histérico al no encontrar uno de sus misiles. El capitán lo miraba furioso mientras esperaba impacientemente para hacerle algo o despedazar al individuo.

—¡Eres un maldito imbécil! ¿cómo se te ocurre perder uno de los misiles? ¿Sabes que eso puede ser cruelmente penado, verdad?-

—¡perdóneme señor sargento!- Dijo el soldado con voz temblorosa –claro que conozco las reglas, pero creo saber dónde lo he dejado-

—Habla, tenemos qué ir a arreglar las estupideces que hacen las escorias como tú-

—Bueno, creo que dejé el misil con todo y cartuchos en la casa de los Akita-

—Tienes una suerte tremenda, no te mataremos porque nadie se enterará de lo sucedido, claro, si es que los Akita no han vuelto-

Los soldados caminaron en pose de guardia unas cuántas cuadras hasta llegar al jardín de los Akita. Encontraron el misil, pero de pronto oyeron un ruido. Sonaba como una voz ahogada por las paredes de una habitación con acústica.

—¿Compañeros, soy yo o hay alguien dentro de esa casa?-

—¿Les parece si investigamos?- Dijo otro de los sujetos.

—Obviamente hay que entrar. No podemos dejar evidencia de las idioteces de su compañero al perder el misil. Pero esta vez, entremos sin ruido. No podemos hacer más desastres- Dijo el capitán.

Entraron a la casa silenciosamente, casi ni pareciera que fueran soldados, más bien hubieran podido hacerse pasar por la gente de los barrios bajos que robaba a la clase alta sólo por conseguir comida y recursos que los gobiernos ya no les proporcionaban. Observaron con asombro que había un rastro de sangre en la cocina. No era algo así como para alarmarse o para pensar que había un cadáver, pero este rastro indicaba un camino. Pudieron escuchar con claridad la voz que provenía del segundo piso. Parecía la voz de una adolescente que hablaba con alguien. Rápidamente se pusieron en guardia, se dieron cuenta que habían sido engañados. Y eso, perteneciendo a la asociación más poderosa del mundo, no podía ser permitido.

El rastro de sangre se iba haciendo cada vez menos notorio. El sargento y su batallón menos preparado se quedaron esperando al pié de la escalera, mientras que los 2 soldados más experimentados del batallón subieron las escaleras.

—¿haber Natsu, qué ocurre? Ya sabes que estoy para apoyarte… ¿Ryuto no te quiere? ¿Te peleaste con tus padres?-

—No Zuki, esto es algo mucho más grave… En mi casa estuvieron los…-

3 de febrero del 2077, 1:35 AM R. m.:  Corre, Natsumi Akita. Corre por tu vida, ¡Te lo suplico!

De inmediato Natsumi sintió como alguien abría la puerta de su cuarto, se abalanzaba y rompía su móvil en su propia mano lastimando la cortada que no se había ido a lavar.

—¿natsumi Akita, qué está pasando? ¿Hola? ¿hola? ¡No puede ser…! ¡maldita sea, responde!- gritaba Zuki histéricamente al escuchar únicamente estática en su línea.

Natsumi se hayaba tirada en la cama matrimonial sintiendo una mano apretar su garganta y un aliento en su rostro.

—Ajá, esto explica el rastro de sangre. ¡Capitán! ¡Compañeros! ¡pueden subir!- escuchó una voz desde la puerta. No encontró otra explicación, sabía que la habían atrapado. Podía darse por muerta.

—Pequeña tonta, ¿Creíste que podrías burlarte de nosotros, a que sí?- Le dijo quien la tenía atrapada.

Natsumi lanzó un alarido fuerte que tomó por sorpresa a los individuos. El que la tenía apresada soltó su cuello, tiempo que ella aprovechó para patear su estómago. Al intentar salir corriendo alguien la tiró de los cabellos y la hizo girar 3 veces en el aire. Cayó estrellando su cabeza contra su escritorio levantándose algo mareada. Escuchaba las risas de los tipos, hasta que recordó. No había ido a guardar los cuchillos a su cocina, si no que los había dejado debajo de su portátil. Levantó la computadora y empuñó los objetos afilados con ambas manos, gesto que hizo que los soldados se rieran más de ella. Gracias a sus oídos logró guiarse hasta ellos, pero cuando iba a clavar los cuchillos certeramente, sintió un choque eléctrico en su espalda. Alguien la había aporreado con una porra eléctrica, gesto que hizo que soltara los cuchillos, que fueron a parar al estómago del sargento.

—¡maldita niña del demonio! ¡Mátenla ahora!- dijo este furioso. De pronto, Natsumi sintió como una sustancia había sido inyectada en su brazo. Cayó inconciente.

Al despertar se encontraba desorientada. Sabía que estaba en una habitación y que esta estaba bacía. Quiso levantarse a explorar su entorno, pero se dio cuenta de que estaba atada de piernas y brazos. Cayó en la cuenta de lo que le había sucedido no sabía cuándo. No tenía idea de en qué fecha estaba viviendo ni de  qué era lo que ocurría a su alrededor.

Empezó a llorar fuertemente, sin que nadie la escuchara. Se consideraba una mujer con valor y astucia, tenía la esperanza de que haría todo lo posible por salir de esa maldita prisión. Solamente pudo deducir que se encontraba en la base central de Japón, no pudieron haberla traído a otra parte. De repente, algo se le vino a la cabeza: Zuki.

—¡Oh por Dios, Zuki! ¡mis padres! ¡Todos estarán preocupados por mí!- se dijo para sí misma entre sollozos –Esto no me puede estar pasando, ¡No a mí! ¿¿Porqué? ¿Porqué tiene qué pasarme esto a mí?-

Un joven alto y fornido, de cabello oscuro, tez blanca y ojos azules se dirigía hacia el cuartel general de la base central del Japón, Tenía unos 24 años, pero ya era uno de los mayores generales de infantería de la sociedad gubernamental. Abrió la puerta de su laboratorio y se paró en el teletransportador. Tecleó unos códigos y en unos minutos se encontró en un enorme castillo subterráneo ubicado en Alemania. Subió unas escalerillas y de pronto se encontró con una puerta color carmesí, que tenía pintado el símbolo de aquella sociedad a la que tanto detestaba. Tocó la puerta 3 veces.

—Pase- Dijo una voz cantarina.

El joven abrió la puerta y se encontró cara a cara con una especie de laboratorio. Había personas mutiladas y algunos aparadores con sustancias químicas. Detrás de una cama de sirugías se encontraba una mujer de rostro resplandeciente. Parecía tener entre 18 y 20 años. Su cara era redonda, tenía el cabello corto, liso y de color negro. Sus ojos eran color ocre y tenía una mirada bastante penetrante. Al verlo entrar, le sonrió con un aire de superioridad y una sonrisa que nadie en el mundo tenía. El joven la reverenció.

–Ryan macneil…- lo miró a la cara –Hace mucho que no te veía por aquí, mi soldado concentido. ¿Qué puedo hacer yo por ti, querido?-

—Madre Cristine, no sabe el gusto que me da verla. Mire usted, que tengo un asunto qué comunicarle. Creo que sería un traidor a usted si no hago lo que he intuido gracias a investigaciones-

—Adelante, muchacho. Tienes la palabra. ¿Acaso descubriste a algún rebelde?-

—Es algo más grave que eso y creo que soy el indicado para detenerlo. La cosa está así: Hace un siglo aproximadamente, empezaron a surgir una serie de humanos con el ADN alterado. Tienen más habilidades que un humano común, son mucho más inteligentes y son muy peligrosos-

—Qué inocente eres, pequeño- La chica le sonrió amistosamente –Esas personas se llaman índigos y deberías saber que ya hay varios en mis batallones- A Ryan se le vino el alma al piso.

—Lo que usted no sabe, madre, es que hay índigos adolescentes, sí, nuevas generaciones, planeando destruirla a usted y a toda esta poderosa familia-

—¿y qué sugieres hacer?-

—Hace menos de un día hemos encontrado a una de las iniciadoras. Deje que me la lleve y entrenarla, tengo 2 opciones: lavar su cerebro y que se haga de nuestra parte, o matarla. He escuchado que es una chica bastante obstinada-

—Mátala. No podemos confiar al 100% en alguien que ya tuvo ideas contradictorias a las de nosotros y lo sabes bien. Ve y dile al capitán de la base japonesa que está estrictamente comandado por mí que te lleves a esa niña a donde a ti se te dé la gana. Haz lo que quieras con ella, pero la quiero muerta. ¿Entendido?-

—Gracias, madre. Puede confiar plenamente en mí- Ryan sonrió. Todo iba como había sido planeado.

***

Natsumi se encontraba en su cuarto sin saber qué hacer. Ya había intentado zafar las cuerdas que le ataban, pero no podía hacer nada. Al contrario, había hecho los nudos más fuertes. Escuchó que alguien tocaba la puerta.

—¿Akita, Natsumi?- Escuchó una voz mientras la puerta de su habitación se abría. Natsumi respiró el aire fresco y limpio que entraba por primera vez en 2 días.

—Hijo de puta- Dijo ella con enfado.

—Cuidado con sus modales, señorita. Usted será trasladada con el capitán Macneil- Le dijo la voz mientras la liveraba de las cuerdas para cambiarlas por esposas.

La chica fue conducida hacia un helicóptero. Estando ahí dentro, le fueron retiradas las esposas y por primera vez en ese lapso de tiempo se sintió libre. Escuchó que cerraban la puerta, se abrochó el cinturón y se recostó en el asiento del helicóptero. Le dijeron que la conducirían al continente americano, así que este sería un viaje largo. Necesitaba descansar.

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