Capítulo
1
Las
piezas del rompecabezas.
Era una
noche nublada en el Japón del 2077. Todo era normal, o por decirlo así, en
ahora, un Japón que daba sus nuevas tecnologías a los Shulum por orden de
ellos. Cualquiera habría pensado que ese sería un día normal como cualquier
otro, pero no sería así.
Los
Akita se despidieron de su hija antes de irse a una reunión de negocios. La
chica había invitado a una amiga a dormir, pero esta no había podido asistir
por cuestiones escolares. Eso no le quitaba la emoción y la felicidad de tener
la casa para ella sola y poder hacer lo que quisiera, tenía 2 días de libertad
plena. Ya tenía 16 años y 4 meses, por tanto, sus padres ya consideraban que
estaba en edad de estar sola en casa y quedarse a cargo de ella.
Natsumi
Akita era una joven de 16 años que vivía con sus padres en la capital japonesa,
Tokio. Era una joven alegre, responsable y sencilla. Le encantaba cantar todo
el tiempo y siempre estaba leyendo un libro nuevo por el afán de aprender. Ella
era ciega, aunque siempre había luchado por su idnependencia. Ese día, ella
estaba muy feliz ya que al fin se quedaría a cargo de su propia casa, sin
objeción de sus padres por ello.
En
cuanto se fueron sus padres, encendió su ordenador. Quería terminar esa saga de
tantos libros que tanto había querido leer y en la cuál ya iba por la mitad.
Siendo que ya no había quién la interrumpiera, podía hacerlo sin problemas.
Inició una seción en un programa de mensajería instantánea y empezó a leer
mientras platicaba normalmente con amigos. Eran ya pasadas de la media noche y
la mayoría de sus amigos se había ido a dormir, cuando escuchó unos
helicópteros muy cerca.
“Qué extraño, no se ha anunciado nada
últimamente y el meteorito que iba a hacia la tierra fue detenido hace semana y
media… ¿Qué harán helicópteros aquí?” Se preguntaba a sí misma.
Dejó el
ordenador sin importarle nada. Puso sus audífonos en el escritorio y bloqueó el
teclado por si las dudas. Se paró de su silla, examinando lentamente el lugar
con su desarrollado sentido del oído.
El
cuarto de natsumi era grande y espacioso. Tenía una cama matrimonial para ella
sola, en la cual, había demasiados almohadones y muñecos de felpa. A su
izquierda, había un buró con una lamparita colgante en forma de estrella y un
alajero en forma de corazón en su superficie. Dentro del alajero, se podía
apreciar un collar con un dije enorme en forma de el símbolo musical para
indicar la clave de sol. En uno de los cajones del buró estaban ordenados
mmicro memorias de presentaciones holográficas que había creado ella sola, unos
audiculares con un reproductor musical de hace 60 años y un móvil. Frente a la
cama, se encontraba el escritorio de natsumi. Era un mueble de madera donde
estaba su teletransportador, su computadora y su consola de sonido. Frente a
este, había un espejo, el cuál, en estos momentos reflejaba a una Natsumi
confundida y con los ojos en blanco. A la derecha había un closet con su ropa y
sus zapatos, quedando en medio del escritorio y el armario la puerta de salida.
En la cuál, estaba pegado un poster con todos los Vocaloids salidos hasta el
momento, que eran arriba de 50.
Salió de
la puerta a tientas sin encender ninguna luz. Tenía su oído agudizado por si
llegaba a escuchar algo extraño, lo cuál, sí ocurrió. Escuchó voces distintas a
las habituales y se alarmó. Se dirigió a la cocina con paso rápido y seguro y
tomó un cuchillo en cada mano. Al darse cuenta que los individuos iban hacia la
puerta de entrada, Natsumi se escondió en la despensa a esperar lo que pasara.
—¿Quién
está…?- Dijo con la voz temblorosa —¿Zuki? ¿Ryuto? ¿mamá? ¿papá?- no recibió
respuesta alguna. Estaba muerta del miedo.
La
adrenalina corría por todo su ser haciéndole pensar más rápido y tener más
fuerza de la común. Apretó los 2 cuchillos con fuerza en sus manos, haciéndose
una leve cortada en las palmas. No le importó, pensó que después se limpiaría
la sangre derramada. Empezó a sudar frío, cuando de repente, empezó a escuchar
que alguien golpeaba fuertemente la puerta principal de la casa.
—En el
nombre del gran Shulum ¡Abran la puerta!- Gritó alguien desde afuera.
—¡no
puede ser!- Se dijo Natsumi casi sin aliento –Son soldados de los Shulum, ¿Qué
demonios habrá pasado?- Siguió hablando en voz baja para ella sola.
Al ver
que no tenían respuesta, los soldados tiraron la puerta de entrada disparando
con un misil bastante poderoso. Era tan poderoso, que incluso hizo temblar la
casa por 5 segundos, casi como si hubiera un terremoto.
Al darse
cuenta de que no había nadie en casa, los soldados entraron por la fuerza.
Fueron rompiendo los cuadros de la sala, destrozando los cubiertos de la cocina
y robando todo objeto de valor. Antes de irse, dejaron en la puerta una marca
hecha con una especie de pintura permanente que tenía el símbolo de Shulum. El
símbolo consistía en una letra omega invertida que se encontraba dentro de una
especie de corazón deforme. Debajo del símbolo se encontraba la leyenda de
Shulum, que decía algo así:
“El que
siga a Shulum será recompenzado con la divinidad definitiva en la propia
tierra”.
—Esta
vez no fue divertido entrar a una casa, al parecer los Akita no se encontraban
dentro… ¡Hubiera sido genial escuchar sus alaridos y torturarlos un poco!- Dijo
uno de los soldados que escoltaban al capitán. Estaban a punto de irse, se
encontraban revisando el helicóptero y poniendo gasolina en este.
Al
comprobar que no había nadie y después de que haya podido razonar que, según
ella, estaba casi salvada de los Shulum, Natsumi decidió salir de su escondite.
Ryuto, uno de sus amigos a los que consideraba casi su hermano menor, no se
había equivocado al decirle que ese sería un gran escondite algún día. No podía
esperar para ir al instituto o hacer una llamada telefónica para contarle todo
esto. Aunque era tarde, sabía que Zuki podría hablar con ella. En estos
momentos su gran amiga le sería de consuelo. Como le daba pánico descubrir algo
en su ordenador, decidió ir a por su móvil.
El
cuarto de la chica estaba con la luz apagada. Milagrosamente, los
Shulum no habían entrado ahí, o si
lo hicieron, no destruyeron absolutamente nada. La pantalla del ordenador
brillaba, siendo el único proveedor de iluminación en el lugar. En el
computador se podía apreciar una serie de frases escritas en hiragana, que la
voz cintética podía decirle a la chica en cuanto ella se pusiera sus audífonos.
De estas, destacaba una escrita con letras brillantes: “Tienes una solicitud de
contacto.”
Mientras
Natsumi sacaba su móvil, después de verificar que el contacto de Zuki aparecía
como desconectado y decidir dejar la solicitud de contacto para responderla
después, se abrió una ventana nueva correspondiente a un nuevo contacto de
Natsumi. Éste, era el contacto que había mandado la solicitud hace no menos de
5 minutos.
“3 de febrero del 2077, 1:23 AM. R. M: Connichiwa, Natsumi-san”.
Natsumi
tomó su móvil y buscó entre sus contactos. Ahí estaba, el número de Zuki.
Oprimió el botón de llamar y esperó a que ella contestara.
—¿Hola?-
Se escuchó una voz adormilada al otro lado del teléfono.
—¿Zuki,
estás despierta?- Dijo Natsumi.
—¡Hola,
natsu! No, no lo estoy. Fíjate que estoy hablando dormida y justo sueño que
tengo una charla telefónica contigo… ¡pero claro que estoy despierta!- Dijo
Zuki con sarcasmo, prosiguió otra vez con tono de extrañeza —¿Cuál es la urgencia? Tú nunca llamas a esta
hora-
—No,
sólo quería hablar contigo. No pudiste venir a dormir a mi casa pero quiero
tener una velada contigo mientras hablamos, ¿te parece?-
—Acepto,
pero vale, ¿Tú qué te traes? Nunca llamas por móvil y ahora quieres tener una
velada por ahí, ¿no quieres que hablemos por chat o viajar en el
transportador?- natsumi no era tonta. Sabía que si subía al teletransportador
sería fácil para los Shulum descubrir su ubicación. La chica analizó un millón
de posibilidades, pero decidió que esto lo tenía qué saber su mejor amiga.
3 de
febrero del 2077, 1:25 AM, R. M: ¿Te encuentras ausente?
—nada,
se me fue el sueño- le dijo natsumi a su amiga con naturalidad.
—Vamos a
ver, Akita. Tú andas muy extraña hoy, ¿Qué pasó contigo?-
—Hummm…
¿has visto a ryuto?-
—no,
pero esto me suena a que es un asunto que los 3 debemos tratar. ¿No es así?-
Dijo Zuki interrogante.
3 de
febrero del 2077, 1:27 AM, R. M: Como veo que no respondes, tengo qué mandarte
un aviso. Corre. Hay soldados de los Shulum cerca de tu casa. Cuelga el móvil
de inmediato. No pongas a nadie más en peligro.
3 de
febrero del 2077, 1:28 AM: R. M. desea iniciar una videollamada contigo.
—Bueno
Zuki, no es algo que se pueda decir a la ligera… tengo miedo, mucho miedo- A
Natsumi se le empezaron a salir las lágrimas y su voz empezó a quebrarse en el
teléfono mientras decía frases inentendibles de lo rápido que hablaba.
3 de
febrero del 2077, 1:29 AM: tienes una llamada perdida de R. M.
Mientras
tanto, uno de los soldados estaba histérico al no encontrar uno de sus misiles.
El capitán lo miraba furioso mientras esperaba impacientemente para hacerle
algo o despedazar al individuo.
—¡Eres
un maldito imbécil! ¿cómo se te ocurre perder uno de los misiles? ¿Sabes que
eso puede ser cruelmente penado, verdad?-
—¡perdóneme
señor sargento!- Dijo el soldado con voz temblorosa –claro que conozco las
reglas, pero creo saber dónde lo he dejado-
—Habla,
tenemos qué ir a arreglar las estupideces que hacen las escorias como tú-
—Bueno,
creo que dejé el misil con todo y cartuchos en la casa de los Akita-
—Tienes
una suerte tremenda, no te mataremos porque nadie se enterará de lo sucedido,
claro, si es que los Akita no han vuelto-
Los
soldados caminaron en pose de guardia unas cuántas cuadras hasta llegar al
jardín de los Akita. Encontraron el misil, pero de pronto oyeron un ruido.
Sonaba como una voz ahogada por las paredes de una habitación con acústica.
—¿Compañeros,
soy yo o hay alguien dentro de esa casa?-
—¿Les
parece si investigamos?- Dijo otro de los sujetos.
—Obviamente
hay que entrar. No podemos dejar evidencia de las idioteces de su compañero al
perder el misil. Pero esta vez, entremos sin ruido. No podemos hacer más
desastres- Dijo el capitán.
Entraron
a la casa silenciosamente, casi ni pareciera que fueran soldados, más bien
hubieran podido hacerse pasar por la gente de los barrios bajos que robaba a la
clase alta sólo por conseguir comida y recursos que los gobiernos ya no les
proporcionaban. Observaron con asombro que había un rastro de sangre en la cocina.
No era algo así como para alarmarse o para pensar que había un cadáver, pero
este rastro indicaba un camino. Pudieron escuchar con claridad la voz que
provenía del segundo piso. Parecía la voz de una adolescente que hablaba con
alguien. Rápidamente se pusieron en guardia, se dieron cuenta que habían sido
engañados. Y eso, perteneciendo a la asociación más poderosa del mundo, no
podía ser permitido.
El
rastro de sangre se iba haciendo cada vez menos notorio. El sargento y su
batallón menos preparado se quedaron esperando al pié de la escalera, mientras
que los 2 soldados más experimentados del batallón subieron las escaleras.
—¿haber
Natsu, qué ocurre? Ya sabes que estoy para apoyarte… ¿Ryuto no te quiere? ¿Te
peleaste con tus padres?-
—No
Zuki, esto es algo mucho más grave… En mi casa estuvieron los…-
3 de
febrero del 2077, 1:35 AM R. m.: Corre,
Natsumi Akita. Corre por tu vida, ¡Te lo suplico!
De
inmediato Natsumi sintió como alguien abría la puerta de su cuarto, se
abalanzaba y rompía su móvil en su propia mano lastimando la cortada que no se
había ido a lavar.
—¿natsumi
Akita, qué está pasando? ¿Hola? ¿hola? ¡No puede ser…! ¡maldita sea, responde!-
gritaba Zuki histéricamente al escuchar únicamente estática en su línea.
Natsumi
se hayaba tirada en la cama matrimonial sintiendo una mano apretar su garganta
y un aliento en su rostro.
—Ajá,
esto explica el rastro de sangre. ¡Capitán! ¡Compañeros! ¡pueden subir!-
escuchó una voz desde la puerta. No encontró otra explicación, sabía que la
habían atrapado. Podía darse por muerta.
—Pequeña
tonta, ¿Creíste que podrías burlarte de nosotros, a que sí?- Le dijo quien la
tenía atrapada.
Natsumi
lanzó un alarido fuerte que tomó por sorpresa a los individuos. El que la tenía
apresada soltó su cuello, tiempo que ella aprovechó para patear su estómago. Al
intentar salir corriendo alguien la tiró de los cabellos y la hizo girar 3
veces en el aire. Cayó estrellando su cabeza contra su escritorio levantándose
algo mareada. Escuchaba las risas de los tipos, hasta que recordó. No había ido
a guardar los cuchillos a su cocina, si no que los había dejado debajo de su
portátil. Levantó la computadora y empuñó los objetos afilados con ambas manos,
gesto que hizo que los soldados se rieran más de ella. Gracias a sus oídos
logró guiarse hasta ellos, pero cuando iba a clavar los cuchillos certeramente,
sintió un choque eléctrico en su espalda. Alguien la había aporreado con una
porra eléctrica, gesto que hizo que soltara los cuchillos, que fueron a parar
al estómago del sargento.
—¡maldita
niña del demonio! ¡Mátenla ahora!- dijo este furioso. De pronto, Natsumi sintió
como una sustancia había sido inyectada en su brazo. Cayó inconciente.
Al
despertar se encontraba desorientada. Sabía que estaba en una habitación y que
esta estaba bacía. Quiso levantarse a explorar su entorno, pero se dio cuenta
de que estaba atada de piernas y brazos. Cayó en la cuenta de lo que le había
sucedido no sabía cuándo. No tenía idea de en qué fecha estaba viviendo ni
de qué era lo que ocurría a su
alrededor.
Empezó a
llorar fuertemente, sin que nadie la escuchara. Se consideraba una mujer con
valor y astucia, tenía la esperanza de que haría todo lo posible por salir de
esa maldita prisión. Solamente pudo deducir que se encontraba en la base
central de Japón, no pudieron haberla traído a otra parte. De repente, algo se
le vino a la cabeza: Zuki.
—¡Oh por
Dios, Zuki! ¡mis padres! ¡Todos estarán preocupados por mí!- se dijo para sí
misma entre sollozos –Esto no me puede estar pasando, ¡No a mí! ¿¿Porqué?
¿Porqué tiene qué pasarme esto a mí?-
Un joven
alto y fornido, de cabello oscuro, tez blanca y ojos azules se dirigía hacia el
cuartel general de la base central del Japón, Tenía unos 24 años, pero ya era
uno de los mayores generales de infantería de la sociedad gubernamental. Abrió
la puerta de su laboratorio y se paró en el teletransportador. Tecleó unos
códigos y en unos minutos se encontró en un enorme castillo subterráneo ubicado
en Alemania. Subió unas escalerillas y de pronto se encontró con una puerta
color carmesí, que tenía pintado el símbolo de aquella sociedad a la que tanto
detestaba. Tocó la puerta 3 veces.
—Pase-
Dijo una voz cantarina.
El joven
abrió la puerta y se encontró cara a cara con una especie de laboratorio. Había
personas mutiladas y algunos aparadores con sustancias químicas. Detrás de una
cama de sirugías se encontraba una mujer de rostro resplandeciente. Parecía
tener entre 18 y 20 años. Su cara era redonda, tenía el cabello corto, liso y
de color negro. Sus ojos eran color ocre y tenía una mirada bastante
penetrante. Al verlo entrar, le sonrió con un aire de superioridad y una
sonrisa que nadie en el mundo tenía. El joven la reverenció.
–Ryan
macneil…- lo miró a la cara –Hace mucho que no te veía por aquí, mi soldado
concentido. ¿Qué puedo hacer yo por ti, querido?-
—Madre
Cristine, no sabe el gusto que me da verla. Mire usted, que tengo un asunto qué
comunicarle. Creo que sería un traidor a usted si no hago lo que he intuido
gracias a investigaciones-
—Adelante,
muchacho. Tienes la palabra. ¿Acaso descubriste a algún rebelde?-
—Es algo
más grave que eso y creo que soy el indicado para detenerlo. La cosa está así:
Hace un siglo aproximadamente, empezaron a surgir una serie de humanos con el
ADN alterado. Tienen más habilidades que un humano común, son mucho más
inteligentes y son muy peligrosos-
—Qué
inocente eres, pequeño- La chica le sonrió amistosamente –Esas personas se
llaman índigos y deberías saber que ya hay varios en mis batallones- A Ryan se
le vino el alma al piso.
—Lo que
usted no sabe, madre, es que hay índigos adolescentes, sí, nuevas generaciones,
planeando destruirla a usted y a toda esta poderosa familia-
—¿y qué
sugieres hacer?-
—Hace
menos de un día hemos encontrado a una de las iniciadoras. Deje que me la lleve
y entrenarla, tengo 2 opciones: lavar su cerebro y que se haga de nuestra
parte, o matarla. He escuchado que es una chica bastante obstinada-
—Mátala.
No podemos confiar al 100% en alguien que ya tuvo ideas contradictorias a las
de nosotros y lo sabes bien. Ve y dile al capitán de la base japonesa que está
estrictamente comandado por mí que te lleves a esa niña a donde a ti se te dé
la gana. Haz lo que quieras con ella, pero la quiero muerta. ¿Entendido?-
—Gracias,
madre. Puede confiar plenamente en mí- Ryan sonrió. Todo iba como había sido
planeado.
***
Natsumi
se encontraba en su cuarto sin saber qué hacer. Ya había intentado zafar las
cuerdas que le ataban, pero no podía hacer nada. Al contrario, había hecho los
nudos más fuertes. Escuchó que alguien tocaba la puerta.
—¿Akita,
Natsumi?- Escuchó una voz mientras la puerta de su habitación se abría. Natsumi
respiró el aire fresco y limpio que entraba por primera vez en 2 días.
—Hijo de
puta- Dijo ella con enfado.
—Cuidado
con sus modales, señorita. Usted será trasladada con el capitán Macneil- Le
dijo la voz mientras la liveraba de las cuerdas para cambiarlas por esposas.
La chica
fue conducida hacia un helicóptero. Estando ahí dentro, le fueron retiradas las
esposas y por primera vez en ese lapso de tiempo se sintió libre. Escuchó que
cerraban la puerta, se abrochó el cinturón y se recostó en el asiento del
helicóptero. Le dijeron que la conducirían al continente americano, así que
este sería un viaje largo. Necesitaba descansar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario