lunes, 11 de noviembre de 2013

capítulo 2


CAPÍTULO 2


UN DÍA LLUVIOSO


 

Los truenos retumbaban con fuerza por encima de su cabeza. Su cabello, peinado a la moda y algo largo, chorreaba agua sobre su cara y sus hombros, cubiertos por una chaqueta impermeable.

A Andrew Winstolm le encantaba la lluvia. Lo primero que recordaba era un gran chaparrón cayendo del cielo, cuando apenas era un niño pequeño, y cuando aún veía con normalidad.

Encendió el detector de obstáculos para no estrellarse con nada. Solamente lo hacía cuando no conocía algún lugar en concreto; porque normalmente caminaba sin ninguna ayuda

Se encontraba caminando por una calle solitaria, casi al crepúsculo. Vivía en un conjunto de residencias en el centro de la ciudad, rodeada por unos muros que no permitían el avance de la gente de bajos recursos. Así lo habían dicho los Shulum.

La melodía de su móvil sonó con fuerza, sacándolo de aquel estado en el que se sumía cuando llovía torrencialmente. Por orden de voz contestó:

-Hola.

-André, ven a la casa rápido, ya sabes que tu tía va a llegar.

Era su madre, que desde el otro lado de la línea su voz llegaba un poco distorsionada por la Holo llamada. Su acento inglés se notaba todavía, aunque poco a poco, con los tratamientos neuronales, iban eliminando aquella barrera neurológica de la interferencia lingüística, uno de los tantos cambios dados en los últimos 20 años.

-Claro Ma, ya voy.

-OK Hijo mío. ¡Pero ven rápido!

Apretó el paso, mientras volvía a guardarse el móvil en el bolsillo, y los rayos iluminaban su rostro y su pelo mojado.

Caminó con rapidez, mientras pensaba en unos artículos que había leído en internet. El contrapunto entre los pensamientos de los Shulum, y de los que estaban en contra de ellos. Le parecía un tema interesante, por eso es que le había pedido a un amigo de Estados Unidos de Norteamérica, que le pasar a información clasificada para poder analizarla de mejor manera.

También quería ver cómo era la organización militar de los Shulum, y por qué motivos querían esclavizar a todo el mundo.

Entró a su casa lo más rápido que pudo. Quería ver a su tía, a la que no había visto desde que tenía ocho, hacía nueve años. Esperaba que pudiera reconocerla por la voz; porque le había pasado mucho eso de que confundía voces, y saludaba a esas personas de otra manera:

-¡Ma! ¡Ya llegué!

Subió al segundo piso, en donde se encontraba el teletransporte. Conociendo a su tía y su desconfianza en los aviones y vehículos terrestres, iba a llegar por allí:

-Hijo, ven rápido, seguro que llegará en cualquier momento. –Dijo su madre, mientras Andrew terminaba de subir las escaleras.

A Andrew no le gustaban para nada los teletransportadores. Estos tenían un sistema de des atomización, y que luego convertían en energía para mandarlo al receptor, en el lugar a donde la persona estaba yendo. No le gustaba para nada la idea de convertirse en pura energía, aunque sea por unos milisegundos. Además no confiaba en esos aparatos porque, si el receptor fallaba, la persona podía aparecer en cualquier otra parte del mundo; y sabía de personas que habían perdido alguna parte del cuerpo por viajar por esos medios.

-¿Llegará por el teletransporte? –Preguntó, mientras se acercaba a su madre, sentada frente a dicho aparato, ubicado en un rincón de la sala al lado del mueble del televisor holográfico.

-Sí. Ya sabes, tu tía no puede vivir sin la tecnología avanzada.

Pasaron unos segundos, hasta que llegó su pequeña hermana, que se acercó con ellos con algo en las manos:

-Ma, André, vean esto. Es una representación artística hecha por computadora.

-Espera Liz, que la tía va a llegar. –La interrumpió Andrew-, luego nos muestras tu proyección holográfica.

-¡Qué bien! ¡La veré después de mucho tiempo! –Dijo Liz emocionada, mientras se sentaba en el sofá, junto a su madre.

Andrew dejó su chaqueta impermeable en el colgador de la puerta, y se detuvo frente a la computadora de la casa, que controlaba mediante enlace BlueTooth el teletransporte, aunque este podía funcionar solo.

Activó el lector de pantalla y comenzó a revisar su correo, para pasar el rato mientras la tía llegaba.

Le llamó la atención un mensaje de uno de sus amigos, al cual no veía hacía como dos años; después leería ese mensaje con tranquilidad, en su ordenador de bolsillo. Pensaba que sería algo relacionado con lo que su contacto de EUNA le había mandado.

Luego, lo que le llegaba eran boletines de varias revistas de ciencia y tecnología, todas marcadas con el símbolo Shulum, para demostrar que no estaban en contra del régimen mundial.

Aparte de eso, le habían llegado mensajes de su red social, y de sus cuentas de mensajería instantánea; y además de eso, no había nada de nada. Decidió dejar la computadora para más tarde, para después de recibir a la tía.

Entonces la voz sintética de la computadora anunció por los altavoces:

-Llegada en diez  segundos de Rachel Winstolm; preparando teletransporte en modo receptor…

-¡Sí! ¡Ya va a llegar! –dijo Liz emocionada, mientras Andrew se acercaba al sofá en donde estaban su madre y su hermana.

Los diez segundos pasaron; y con un ruido de energía, configurado por Andrew para que les avisara, la tía Rachel apareció en la plataforma de transporte.

-¡Tía! –Su hermana se abalanzó sobre la tía, abrazándola con fuerza. Andrew se puso a su costado, para saludarla después de Liz.

-¿Cómo está mi querida sobrina?

Su voz no había cambiado en nada. Andrew la hubiese reconocido de todas maneras:

-André, ¡mi querido André! –Un fuerte abrazo fue el saludo de su tía-; pero ¡cómo haz crecido!

-Sí tía –interrumpió su hermana-, mide casi dos metros.

-No exageres Liz –dijo Andrew, Sonriendo con alegría por volver a ver a su tía Rachel después de tanto tiempo.

Mientras las tres mujeres comenzaban a charlar, Andrew se fue a su habitación, para poder leer ese correo misterioso. Sentía que era algo muy importante, que quizás pudiera cambiar su vida.

Se recostó sobre su cama, después de haber abierto la ventana para que la brisa de la lluvia pudiera entrar a la habitación.

Tomó su mini portátil, y se puso sus auriculares inalámbricos, sintonizando su radio particular con la música elegida por él mismo, y abrió su correo, mientras activaba el video chat. Por ahora no quería conversar con nadie por el chat holográfico, porque no tenía ganas de estar sentado en la cabina holográfica.

Su habitación era de tamaño regular, en donde cabían con facilidad todos sus objetos personales.

Su cama, cuya colcha llegaba hasta el suelo, y que Andrew todavía no cambiaba, era grande y suficiente para que pudiera dormir a sus anchas. Al costado, su mesita de noche contenía su teletransportador de pequeños objetos, así como también pequeños adornitos tecnológicos, producto de sus cumpleaños desde que tenía 4.

Activó el programa I.A..., que era el nuevo software para personas con vista reducida o ceguera total. La voz sintética de una chica comenzó a hablar:

-André, tienes varios mensajes en el buzón de correo, muchas notificaciones en la red social de extranet y varias solicitudes de archivos en la nube.

Por eso le gustaba este nuevo software a Andrew. Simulaba una inteligencia artificial, por eso es que sus siglas eran I.A. Se sentía fascinado por los nuevos lenguajes de programación que los creadores habían usado en realizar este programa.

El software al principio había sido diseñado especialmente para que una persona ciega pudiera interactuar de la mejor manera con una computadora, ya que los lectores de pantalla convencionales ya no bastaban para eso. Además quería saber cómo el software podía aprender del entorno, enriqueciendo sus diccionarios de inteligencia, así mismo sobre la persona o personas con las que tenía contacto.

Diana, quiero ver los archivos de correo y lístalos por países, creo que me llegó uno de EUNA. –Le dijo Andrew a la computadora.

-Se te nota un poco ansioso André –Le dijo la máquina, mientras él veía como se abría el programa de correo, y estos aparecían con letritas que no podía alcanzar a ver.

-Sí, es que creo que me mandaron un archivo desde EUNA que puede ser muy interesante. –Respondió Andrew mientras apoyaba la espalda en la pared y escuchaba su música favorita.

Bueno, tus correos por países son –Comenzó a decir la computadora, pasando por una lista extensa de correos que tenía que responder, reenviar, eliminar y hacer muchas otras cosas con ellos.

Hasta que llegó:

-…De destinatario “el gatito azul”, con contraseña cifrada de 64 caracteres. Mensaje desde servidor a3b7c9z8, con posible error de ubicación de 1 kilómetro. Información para Andrew desde EUNA.

-Diana, por favor, abre ese último correo que leíste.

-Claro André.

A los 5 minutos, Andrew sabía muchas cosas sobre los Shulum que no eran de conocimiento público; pero sospechaba que esa información apenas era una pequeña parte de lo que los Actuales gobernantes del mundo estaban escondiendo.

-Andrew, acaba de llegar un correo con contraseña cifrada de 512 caracteres, de suma importancia a ver por lo que pone aquí, y en código rojo. –La voz de su computadora lo sacó de sus pensamientos:

-Pero… ¿Qué dice? Abre el mensaje por favor.

-De destinatario desconocido, con servidor con IP oculta, mensaje de zuma urgencia código rojo. Usted acaba de acceder a información secreta del gobierno Shulum, y ha sido rastreado. Unos representantes del gobierno se asegurarán que usted no pueda contar nada a nadie.

-¡Demonios! –Dijo Andrew, mientras se quitaba los audífonos de golpe. ¿Por qué había olvidado de ocultar la IP? Fácilmente ahora los funcionarios del gobierno llegarían a su casa, y esa amenaza no parecía en vano.

“¿Qué hago?” pensaba Andrew, mientras se sentaba otra vez en la cama, y volvía a colocarse los audífonos.

-Diana, por favor, quiero ver las últimas noticias

La computadora accedió a las últimas noticias mundiales, y preguntó:

-¿De qué índole?

-Las últimas muertes que se registraron en los últimos minutos.

-Muerte de 5 muchachos en el estado de Illinois.

La agencia nacional de noticias nos comunicó que hace nada más 5 minutos unos sicarios mataron a 5 muchachos a sangre fría. No se sabe la identidad de estos chicos, lo único que se sabe son sus apodos, por los que eran conocidos en su barrio y en la red. Compumalo””, “El gatito azul”,…

Los otros 5 nombres no pudo escucharlos. Su mente se hallaba llena de pensamientos que no lo ayudaban a relajarse Si el gatito azul había muerto por conseguir esa información, entonces eso significaba el motivo por el que lo habían rastreado y mandado esa amenaza.

Fugaces visiones de sus familiares cayendo muertos por asesinos mandados por los Shulum, o de él mismo…

***

-Patrick, rápido, tenemos que hacer esto lo más antes posible.

-Sí, espera que me alisto para nuestra tarea.

Diego y Patrick a simple vista parecían hombres cualesquiera; pero si uno se fijaba en sus ojos, notaba que eran más fríos que el acero. Sus movimientos sigilosos, demostraban su facilidad para no ser detectados, algo que intentaba desmentir sus voces tranquilas y que deberían pertenecer a personas del común.

Diego cargó con una cápsula de energía su lanzador de láser, para poder realizar las últimas órdenes que desde Alemania había mandado la capital Shulum. Parecía, que como siempre, alguien había logrado burlar la seguridad de los servidores del gobierno, y que esa información, además de filtrarse hacia el lugar de donde se la había sacado, había logrado viajar por correo hasta la ciudad, lo que explicaba por qué ellos tenían que deshacerse de las personas de esa casa.

Estaba a punto de activar el antifaz holográfico que ocultaría su rostro, cuando su reloj computador emitió una breve vibración que indicaba mensaje de urgencia.

-Aquí s379 –Contestó; y desde el otro lado, una voz que había aprendido a identificar como el gran capitán desde Alemania habló:

-Últimas órdenes desde Alemania s379. Yo iré personalmente a encargarme del caso al que se le está mandando.

-Muy bien gran capitán.

Se preguntó cuán importante eran esas personas, y por qué el gran capitán quería encargarse de ellas personalmente.

***

Terminó de ajustarse la chaqueta, y tomó el pequeño objeto que hacía posible que su rostro no fuera visible, que fuera otra persona a la que los demás creían ver.

Aquel chiquillo había arruinado brevemente sus planes antes de tiempo; pero esas habilidades que había mostrado al ocultar su ir y disfrazarla como si viniera de EUNA, y que luego hiciera recaer las sospechas en la capital de Perú era sin duda la demostración de una capacidad mental impresionante. Justo el segundo al que estaba buscando.

La chica japonesa ya se encontraba en los cuarteles principales de los Shulum. Luego traería al chico y seguiría buscando a los demás.

Ryan Mackneil se miró en el pequeño espejo antes de ponerse la máscara holográfica. Y ahora era otra persona.

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