CAPÍTULO 2
UN DÍA LLUVIOSO
Los
truenos retumbaban con fuerza por encima de su cabeza. Su cabello, peinado a la
moda y algo largo, chorreaba agua sobre su cara y sus hombros, cubiertos por
una chaqueta impermeable.
A Andrew
Winstolm le encantaba la lluvia. Lo primero que recordaba era un gran chaparrón
cayendo del cielo, cuando apenas era un niño pequeño, y cuando aún veía con
normalidad.
Encendió
el detector de obstáculos para no estrellarse con nada. Solamente lo hacía
cuando no conocía algún lugar en concreto; porque normalmente caminaba sin
ninguna ayuda
Se
encontraba caminando por una calle solitaria, casi al crepúsculo. Vivía en un
conjunto de residencias en el centro de la ciudad, rodeada por unos muros que
no permitían el avance de la gente de bajos recursos. Así lo habían dicho los
Shulum.
La
melodía de su móvil sonó con fuerza, sacándolo de aquel estado en el que se
sumía cuando llovía torrencialmente. Por orden de voz contestó:
-Hola.
-André,
ven a la casa rápido, ya sabes que tu tía va a llegar.
Era su
madre, que desde el otro lado de la línea su voz llegaba un poco distorsionada
por la Holo llamada. Su acento inglés se notaba todavía, aunque poco a poco,
con los tratamientos neuronales, iban eliminando aquella barrera neurológica de
la interferencia lingüística, uno de los tantos cambios dados en los últimos 20
años.
-Claro
Ma, ya voy.
-OK Hijo
mío. ¡Pero ven rápido!
Apretó
el paso, mientras volvía a guardarse el móvil en el bolsillo, y los rayos
iluminaban su rostro y su pelo mojado.
Caminó
con rapidez, mientras pensaba en unos artículos que había leído en internet. El
contrapunto entre los pensamientos de los Shulum, y de los que estaban en
contra de ellos. Le parecía un tema interesante, por eso es que le había pedido
a un amigo de Estados Unidos de Norteamérica, que le pasar a información
clasificada para poder analizarla de mejor manera.
También quería
ver cómo era la organización militar de los Shulum, y por qué motivos querían
esclavizar a todo el mundo.
Entró a
su casa lo más rápido que pudo. Quería ver a su tía, a la que no había visto
desde que tenía ocho, hacía nueve años. Esperaba que pudiera reconocerla por la
voz; porque le había pasado mucho eso de que confundía voces, y saludaba a esas
personas de otra manera:
-¡Ma!
¡Ya llegué!
Subió al
segundo piso, en donde se encontraba el teletransporte. Conociendo a su tía y
su desconfianza en los aviones y vehículos terrestres, iba a llegar por allí:
-Hijo,
ven rápido, seguro que llegará en cualquier momento. –Dijo su madre, mientras
Andrew terminaba de subir las escaleras.
A Andrew
no le gustaban para nada los teletransportadores. Estos tenían un sistema de des
atomización, y que luego convertían en energía para mandarlo al receptor, en el
lugar a donde la persona estaba yendo. No le gustaba para nada la idea de
convertirse en pura energía, aunque sea por unos milisegundos. Además no
confiaba en esos aparatos porque, si el receptor fallaba, la persona podía
aparecer en cualquier otra parte del mundo; y sabía de personas que habían
perdido alguna parte del cuerpo por viajar por esos medios.
-¿Llegará
por el teletransporte? –Preguntó, mientras se acercaba a su madre, sentada
frente a dicho aparato, ubicado en un rincón de la sala al lado del mueble del
televisor holográfico.
-Sí. Ya
sabes, tu tía no puede vivir sin la tecnología avanzada.
Pasaron
unos segundos, hasta que llegó su pequeña hermana, que se acercó con ellos con
algo en las manos:
-Ma,
André, vean esto. Es una representación artística hecha por computadora.
-Espera
Liz, que la tía va a llegar. –La interrumpió Andrew-, luego nos muestras tu
proyección holográfica.
-¡Qué
bien! ¡La veré después de mucho tiempo! –Dijo Liz emocionada, mientras se
sentaba en el sofá, junto a su madre.
Andrew
dejó su chaqueta impermeable en el colgador de la puerta, y se detuvo frente a
la computadora de la casa, que controlaba mediante enlace BlueTooth el teletransporte,
aunque este podía funcionar solo.
Activó
el lector de pantalla y comenzó a revisar su correo, para pasar el rato
mientras la tía llegaba.
Le llamó
la atención un mensaje de uno de sus amigos, al cual no veía hacía como dos
años; después leería ese mensaje con tranquilidad, en su ordenador de bolsillo.
Pensaba que sería algo relacionado con lo que su contacto de EUNA le había
mandado.
Luego,
lo que le llegaba eran boletines de varias revistas de ciencia y tecnología,
todas marcadas con el símbolo Shulum, para demostrar que no estaban en contra
del régimen mundial.
Aparte
de eso, le habían llegado mensajes de su red social, y de sus cuentas de
mensajería instantánea; y además de eso, no había nada de nada. Decidió dejar
la computadora para más tarde, para después de recibir a la tía.
Entonces
la voz sintética de la computadora anunció por los altavoces:
-Llegada
en diez segundos de Rachel Winstolm;
preparando teletransporte en modo receptor…
-¡Sí!
¡Ya va a llegar! –dijo Liz emocionada, mientras Andrew se acercaba al sofá en
donde estaban su madre y su hermana.
Los diez
segundos pasaron; y con un ruido de energía, configurado por Andrew para que
les avisara, la tía Rachel apareció en la plataforma de transporte.
-¡Tía!
–Su hermana se abalanzó sobre la tía, abrazándola con fuerza. Andrew se puso a
su costado, para saludarla después de Liz.
-¿Cómo
está mi querida sobrina?
Su voz
no había cambiado en nada. Andrew la hubiese reconocido de todas maneras:
-André,
¡mi querido André! –Un fuerte abrazo fue el saludo de su tía-; pero ¡cómo haz
crecido!
-Sí tía
–interrumpió su hermana-, mide casi dos metros.
-No
exageres Liz –dijo Andrew, Sonriendo con alegría por volver a ver a su tía
Rachel después de tanto tiempo.
Mientras
las tres mujeres comenzaban a charlar, Andrew se fue a su habitación, para
poder leer ese correo misterioso. Sentía que era algo muy importante, que
quizás pudiera cambiar su vida.
Se
recostó sobre su cama, después de haber abierto la ventana para que la brisa de
la lluvia pudiera entrar a la habitación.
Tomó su
mini portátil, y se puso sus auriculares inalámbricos, sintonizando su radio
particular con la música elegida por él mismo, y abrió su correo, mientras
activaba el video chat. Por ahora no quería conversar con nadie por el chat
holográfico, porque no tenía ganas de estar sentado en la cabina holográfica.
Su
habitación era de tamaño regular, en donde cabían con facilidad todos sus
objetos personales.
Su cama,
cuya colcha llegaba hasta el suelo, y que Andrew todavía no cambiaba, era
grande y suficiente para que pudiera dormir a sus anchas. Al costado, su mesita
de noche contenía su teletransportador de pequeños objetos, así como también
pequeños adornitos tecnológicos, producto de sus cumpleaños desde que tenía 4.
Activó
el programa I.A..., que era el nuevo software para personas con vista reducida
o ceguera total. La voz sintética de una chica comenzó a hablar:
-André,
tienes varios mensajes en el buzón de correo, muchas notificaciones en la red
social de extranet y varias solicitudes de archivos en la nube.
Por eso
le gustaba este nuevo software a Andrew. Simulaba una inteligencia artificial,
por eso es que sus siglas eran I.A. Se sentía fascinado por los nuevos
lenguajes de programación que los creadores habían usado en realizar este
programa.
El
software al principio había sido diseñado especialmente para que una persona
ciega pudiera interactuar de la mejor manera con una computadora, ya que los
lectores de pantalla convencionales ya no bastaban para eso. Además quería
saber cómo el software podía aprender del entorno, enriqueciendo sus
diccionarios de inteligencia, así mismo sobre la persona o personas con las que
tenía contacto.
Diana,
quiero ver los archivos de correo y lístalos por países, creo que me llegó uno
de EUNA. –Le dijo Andrew a la computadora.
-Se te
nota un poco ansioso André –Le dijo la máquina, mientras él veía como se abría
el programa de correo, y estos aparecían con letritas que no podía alcanzar a
ver.
-Sí, es
que creo que me mandaron un archivo desde EUNA que puede ser muy interesante.
–Respondió Andrew mientras apoyaba la espalda en la pared y escuchaba su música
favorita.
Bueno,
tus correos por países son –Comenzó a decir la computadora, pasando por una
lista extensa de correos que tenía que responder, reenviar, eliminar y hacer
muchas otras cosas con ellos.
Hasta
que llegó:
-…De
destinatario “el gatito azul”, con contraseña cifrada de 64 caracteres. Mensaje
desde servidor a3b7c9z8, con posible error de ubicación de 1 kilómetro.
Información para Andrew desde EUNA.
-Diana,
por favor, abre ese último correo que leíste.
-Claro
André.
A los 5
minutos, Andrew sabía muchas cosas sobre los Shulum que no eran de conocimiento
público; pero sospechaba que esa información apenas era una pequeña parte de lo
que los Actuales gobernantes del mundo estaban escondiendo.
-Andrew,
acaba de llegar un correo con contraseña cifrada de 512 caracteres, de suma
importancia a ver por lo que pone aquí, y en código rojo. –La voz de su
computadora lo sacó de sus pensamientos:
-Pero…
¿Qué dice? Abre el mensaje por favor.
-De
destinatario desconocido, con servidor con IP oculta, mensaje de zuma urgencia
código rojo. Usted acaba de acceder a información secreta del gobierno Shulum,
y ha sido rastreado. Unos representantes del gobierno se asegurarán que usted
no pueda contar nada a nadie.
-¡Demonios!
–Dijo Andrew, mientras se quitaba los audífonos de golpe. ¿Por qué había
olvidado de ocultar la IP? Fácilmente ahora los funcionarios del gobierno
llegarían a su casa, y esa amenaza no parecía en vano.
“¿Qué
hago?” pensaba Andrew, mientras se sentaba otra vez en la cama, y volvía a
colocarse los audífonos.
-Diana,
por favor, quiero ver las últimas noticias
La
computadora accedió a las últimas noticias mundiales, y preguntó:
-¿De qué
índole?
-Las últimas
muertes que se registraron en los últimos minutos.
-Muerte
de 5 muchachos en el estado de Illinois.
La
agencia nacional de noticias nos comunicó que hace nada más 5 minutos unos sicarios
mataron a 5 muchachos a sangre fría. No se sabe la identidad de estos chicos,
lo único que se sabe son sus apodos, por los que eran conocidos en su barrio y
en la red. Compumalo””, “El gatito azul”,…
Los
otros 5 nombres no pudo escucharlos. Su mente se hallaba llena de pensamientos
que no lo ayudaban a relajarse Si el gatito azul había muerto por conseguir esa
información, entonces eso significaba el motivo por el que lo habían rastreado
y mandado esa amenaza.
Fugaces visiones de sus familiares cayendo
muertos por asesinos mandados por los Shulum, o de él mismo…
***
-Patrick,
rápido, tenemos que hacer esto lo más antes posible.
-Sí,
espera que me alisto para nuestra tarea.
Diego y Patrick
a simple vista parecían hombres cualesquiera; pero si uno se fijaba en sus
ojos, notaba que eran más fríos que el acero. Sus movimientos sigilosos,
demostraban su facilidad para no ser detectados, algo que intentaba desmentir
sus voces tranquilas y que deberían pertenecer a personas del común.
Diego
cargó con una cápsula de energía su lanzador de láser, para poder realizar las
últimas órdenes que desde Alemania había mandado la capital Shulum. Parecía,
que como siempre, alguien había logrado burlar la seguridad de los servidores
del gobierno, y que esa información, además de filtrarse hacia el lugar de
donde se la había sacado, había logrado viajar por correo hasta la ciudad, lo
que explicaba por qué ellos tenían que deshacerse de las personas de esa casa.
Estaba a
punto de activar el antifaz holográfico que ocultaría su rostro, cuando su
reloj computador emitió una breve vibración que indicaba mensaje de urgencia.
-Aquí
s379 –Contestó; y desde el otro lado, una voz que había aprendido a identificar
como el gran capitán desde Alemania habló:
-Últimas
órdenes desde Alemania s379. Yo iré personalmente a encargarme del caso al que
se le está mandando.
-Muy
bien gran capitán.
Se preguntó cuán importante eran esas personas,
y por qué el gran capitán quería encargarse de ellas personalmente.
***
Terminó
de ajustarse la chaqueta, y tomó el pequeño objeto que hacía posible que su
rostro no fuera visible, que fuera otra persona a la que los demás creían ver.
Aquel
chiquillo había arruinado brevemente sus planes antes de tiempo; pero esas
habilidades que había mostrado al ocultar su ir y disfrazarla como si viniera
de EUNA, y que luego hiciera recaer las sospechas en la capital de Perú era sin
duda la demostración de una capacidad mental impresionante. Justo el segundo al
que estaba buscando.
La chica
japonesa ya se encontraba en los cuarteles principales de los Shulum. Luego
traería al chico y seguiría buscando a los demás.
Ryan
Mackneil se miró en el pequeño espejo antes de ponerse la máscara holográfica.
Y ahora era otra persona.
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